Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 8 Agosto, 2011


La decisión de la junta directiva de Liga Deportiva Alajuelense de agregarle al nombre de su estadio el de una firma comercial, en este caso un banco privado, para nada me parece irrespetuosa hacia la persona que lleva el nombre del coliseo, el mítico Alejandro Morera Soto, leyenda del fútbol alajuelense y nacional.
Estamos en el siglo XXI, en el año 2011 y no en 1950.
Los clubes urgen de generar ingresos; varios de ellos, incluyendo al manudo, arrastran deudas generosas; la de la Liga con la Caja es millonaria, de manera que si se presenta una fuente que va a aportar ingresos con un detalle tan simple como este, de agregar el nombre publicitario al del icono en cuyo honor se bautizó el estadio, no debería ser tema de desagrado y repudio.
Los clubes modernos en todo el mundo tienen dos opciones: aceptar la jugosa oferta de poderosas marcas comerciales, que exigen a cambio de los millones de dólares que ofrecen borrar los nombres históricos y sentimentales con que se bautizan diferentes estadios en todo el mundo y poner solo el de sus marcas (muy corriente esto en los deportes de los Estados Unidos), o buscar una combinación de intereses que, creo, fue lo que decidió la dirigencia del Alajuelense.
Se respeta la memoria de Alejandro Morera y se le agrega un nombre comercial.
No da para tanto alboroto. Más bien, creo que pronto la idea la imitarán otros clubes.
Ahora, esto es un asunto o negocio entre el club y la firma comercial.
En lo anterior, nada tienen que ver los medios de comunicación deportivos que, desde luego, no están en la obligación de llamar al estadio de Alajuela con su “nuevo nombre comercial”.
Para los periodistas, el estadio de Alajuela se seguirá llamando Alejandro Morera Soto.
La única forma de darle otro nombre es que los dirigentes le vendan a la firma comercial la exclusividad del nombre de su estadio y, entonces sí, se arma la gorda y probablemente estos dirigentes tendrían que renunciar e irse para sus casas, porque les van a “quemar el estadio”.
En Costa Rica aún no existe la cultura deportiva para bautizar un estadio con un nombre comercial, máxime si lleva el nombre de un ser muy querido y respetado por la comunidad. Ahora, si un club construye un estadio nuevo y de una vez le vende el nombre a una marca comercial, otro gallo cantaría.

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