Logo La República

Martes, 20 de noviembre de 2018



NOTA DE TANO


NOTA TANO

Gaetano Pandolfo [email protected] | Martes 26 julio, 2011



La Selección de Uruguay, campeona de la Copa América y cuarto lugar del último Mundial de Fútbol, no tiene número diez; no tiene enganches, no tiene extremos; no tiene carrileros.
Entonces… ¿qué tiene?
Tiene a un director técnico al que le dicen Maestro; tiene a Diego Forlán y a Luis Suárez y tiene un sistema táctico viejo pero bien utilizado al que le llaman los expertos: 4-4-2.
Uruguay es un equipo que marca; todos marcan y parece que con eso le es suficiente.
Dos líneas de cuatro delante de un portero excepcional, Fernando Muslera, y dos delanteros muy veloces que no se conforman con recibir la pelota, sino que presionan mucho la salida de los defensores contrarios y convertirse en los dos primeros defensores del equipo.
Ninguno de los ocho hombres que se paran entre Muslera, Forlán y Suárez es un creativo; ninguno de ellos es, ni por asomo, un Enzo Francescoli, un Pablito Bengoechea o un Rubén Sosa, “dieces” inmortales de la “celeste”.
Pero… ¡cómo marcan!
Maxi Pereira, el novato Sebastián Coates que finalmente sustituyó a Mauricio Victorino, el capitán Diego Lugano y Martín Cáceres en la primera línea; Alvaro González, Egidio Arévalo, el ruso Diego Pérez y Alvaro Pereira en la mitad del campo, son todos jugadores de marca y ninguno de los ocho se distingue por su tecnicismo.
Perros de traba que presionan y buscan despojar del balón al que lo trae, lo más lejos posible de la meta de Muslera, una de las grandes virtudes tácticas de la escuadra de Tabárez. Los ocho fieros marcadores de la selección uruguaya, no esperan a sus víctimas en territorio propio, sino que salen a atraparla en la mitad del campo de ellos, o apenas intentan penetrar en la parcela defensiva celeste.
Forlán y Suárez molestan y presionan; eso obliga al despeje apurado del rival, ideal para que lo capturen las primeras cuatro garrapatas del medio charrúa; además, al rival le cuesta mucho salir jugando. Ese cuarteto de González, Arévalo, Pérez y Pereira es feroz en la marca, cerca del manchón blanco de mitad de campo donde arrancan los partidos.
Normalmente recuperan el balón y no necesitan dárselo a un diez (tipo Centeno en el Saprissa), porque no lo tienen, ni lo necesitan. Cortan, avanzan y la pasan a Suárez y Forlán para que terminen la faena. A la espalda de estos cuatro gigantes de la marca, hay otro cuatro y detrás de estos cuatro, un porterazo.
Para qué más…

[email protected]