Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 30 Junio, 2011


De cara al Mundial de Fútbol en Italia 90, en el ambiente futbolístico costarricense corrieron los chistes y las bromas sobre las palizas y los ridículos que recibiría y haría la Selección Nacional. Recuerdo apuestas de que encajaría mínimo cuatro goles por partido y que no haría un solo remate al marco.
Luego, ustedes vieron lo que pasó.
A pocas horas de que Costa Rica inicie su participación en la Copa América, en un grupo muy fuerte donde están Argentina, Colombia y Bolivia, a quienes podríamos comparar con Brasil, Suecia y Escocia en Italia 90, los costarricenses igual estamos preocupados por el rendimiento y lo que podría suceder en este torneo tan competitivo con la tricolor, después de su pobre desempeño en la Copa Oro.
Miles opinan que nos van a golear; miles opinan que haremos el ridículo y miles opinan de que se hará un buen trabajo. Algunos esperan sorpresas.
Costa Rica se presenta con un grupo muy joven que sustenta su base en los mundialistas de Egipto, de tan destacada actuación; lamentablemente varias piezas de aquella formación de Ronald González, fueron firmadas en el exterior y no podrán jugar en Argentina: Esteban Alvarado, Cristian Gamboa, Bryan Oviedo y Marco Ureña son algunas de ellas.
Pero en Copa América estarán Minor Alvarez, José Mena, David Guzmán, Diego Madrigal, Allen Guevara y Josué Martínez, estelares en la formación egipcia y que deben dar cuerpo y fisonomía al equipo de La Volpe.
Pero, sin duda, el gran ausente de Costa Rica en esta Copa América se llama Bora Milutinovic, porque fue gracias a la extraordinaria motivación que le brindó el estratega serbio al equipo nacional, que se dieron los grandes resultados ante Escocia y Suecia y la derrota mínima frente a Brasil.
Bora les dijo a los futbolistas costarricense que fueran al mundial a divertirse; que no tenían nada que perder y sí mucho que ganar; que se subieran a la vitrina del mundo y que solo jugaran como lo saben hacer. De un solo tajo, les quitó a los seleccionados toda la presión. No creemos que un hombre tan poco carismático como La Volpe, en este punto específico, pueda hacer lo mismo.

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