Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 23 Junio, 2011


¿Qué es más fácil?
¿Que una sola persona se adapte a la forma de ser de 4 millones de seres humanos o al revés?
¿Tenemos los costarricenses que adaptarnos o aceptar esa forma agria de comportamiento del técnico de la Selección Nacional, o el argentino, con un mínimo de inteligencia y sabiduría, que la tiene, tratar de acomodarse un poco a nosotros?
Ricardo La Volpe ha levantado una muralla entre su feudo y el resto de la población que no agrada a la mayoría de costarricenses; a los ticos (habrá excepciones) no nos gusta su forma de ser y entonces, como no tiene ninguna sintonía con la masa, cuando llega la adversidad, la corriente de opinión negativa hacia su trabajo se eleva.
El tipo no es simpático, ya lo sabíamos; no sonríe; ya lo sabíamos; es de una sola línea, ya lo sabíamos, pero, pero, empezando la actividad y conforme se fueron dando los resultados negativos a su labor, bien le hubiese caído un cambio.
No pedimos un Badú; eso es imposible e irrepetible; seres humanos como don Valdeir escasean en el orbe; son de otra galaxia, pero don Ricardo debe entender que nada le cuesta sacrificar no sus principios ni sus ideales, sino modificar en algo su carácter, su conducta y ser un poco más agradable hacia un pueblo que ha depositado en su profesionalismo todas sus ansias futboleras.
En el largo camino hacia Brasil 14, quisiéramos sentirlo, que este es el verbo, más nuestro; más afín; más amigo; más metido en la forma de ser y la idiosincrasia del tico; no tiene que almorzar gallos de pollo en el mercado central, pero sobran comportamientos y conductas que lo pueden acercar al pueblo.
Personas con suficiente academia probablemente nunca harán una combinación, para detractarlo, de su trabajo, con lo que gana, pero el pueblo, el que la pasa mal; al que no le alcanza el dinero para vivir mejor, siempre le sacará en cara al argentino, el sueldazo que se gana cada mes, quizá poco para él, pero monstruoso para nuestro medio.
Entonces, su antipatía natural; el salario millonario y los malos resultados son una combinación, un coctel de fatales consecuencias. Nada le cuesta trabajar internamente sobre lo primero.

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