Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 15 Junio, 2011


No sé exactamente qué sucedió, pero después de que terminó el Mundial México 86, me nombraron como jefe de deportes de LA REPUBLICA.
Esta elección se la agradecí mucho a tres de mis superiores: Joaquín Vargas Gené, Yehudy Monestel y Cartín Junior.
Fue impresionante como me fue premiando la vida una vez que dejé de beber licor; mi madre estaba tranquila y feliz al notar que su hijo se había zafado del infierno; dormía en paz igual que el resto de mi familia.
Con mis hijas tuve un acercamiento maravilloso y compartíamos en sodas, cines, paseos y reuniones en familia; el escribir en la sala de redacción me resultaba un ejercicio extasiante. Con mi carrito me movía a todas partes y mi esposa aceptaba algunas invitaciones para ir a cenar. Todas las noches asistía a reuniones de AA y en menos de un año de vivir sin beber, había ascendido a la jefatura de deportes de este diario.
La parte final de 1986 fue un tobogán en mi vida.
El 22 de julio de 1986 cumplí un año sin beber alcohol.
Un día equis me citaron mis jefes a una reunión en la dirección del periódico y fue Cartín Junior, mi cuate desde el Colegio, el que me dio la grata noticia de que LA REPUBLICA había recibido una invitación del Gobierno de Taiwán, para que un periodista hiciera un viaje oficial a la isla.
Era un viaje oficial y de estricto protocolo, que tenía como fondo un homenaje en la isla de Kinmen, a quien había sido el piloto titular de Chian Kai - shek, el héroe revolucionario y primer presidente de la República. Solo iría un periodista costarricense y mis superiores me designaron a mí… como premio a mi primer año de sobriedad.
¡Increíble!
Era como un sueño.
Cuando yo perdí mi puesto en La Nación, hice varios trabajos en LA REPUBLICA a destajo, por servicios profesionales y en ellos, cometí decenas de errores que le causaron a esta empresa daños y la pérdida de muchos colones. Todos, por beber guaro.
Entré y salí de este periódico de 1981 a 1985 causando dolor a colegas que me apreciaban y trataban de ayudarme. La “torta” que me “jalé” el día del partido entre Costa Rica e Italia en los Olímpicos 84 fue de antología y está narrada en mi libro.
Todo era pasado; ahora, en sobriedad y sin ingerir licor, LA REPUBLICA me daba un premio maravilloso…por haber dejado de beber.
¡Qué refrescante; qué motivante!
Sin palabras.
Solo, gracias a Dios.

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