Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 30 Abril, 2011


¿Cuánto puede afectar a la selección de España, campeona del mundo, tanto veneno, tanto odio, tanta enemistad, tanto rencor, tanta rivalidad, que debe haberse metido en las venas, cabeza, corazón y mente de los jugadores del Barcelona y del Real Madrid, integrantes de la furia roja, consecuencia de los últimos enfrentamientos y acontecimientos?
¿Podrán Iker Casillas, Sergio Ramos, Xavi Alonso, Charles Puyol, Gerard Piqué, Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Sergio Busquets y Pedro, ser los mismos de la Eurocopa y de Sudáfrica 2010, luego de las ofensas, reacciones, acusaciones, señalamientos y demás yerbas que lideró el insoportable de José Mourinho y tuvo eco, lamentablemente en las filas azulgranas?
¿Les será fácil a los seleccionados españoles olvidar rápidamente tanto rencor?
¿Serán sinceros los abrazos y frases de aliento que se tendrán que dar mutuamente antes de algún partido de la furia, jugadores de sangre y carácter como Ramos y Puyol?
¿No sucederá nada absolutamente anormal en el seno de la selección española, después de estos episodios tan desagradables?
Será muy difícil sanar las heridas, aunque el tiempo todo lo cura.
Sinceramente ha sido muy lamentable lo que viene sucediendo en los entornos previos y posteriores de cada uno de los juegos entre merengues y catalanes y lo mismo a la hora de los partidos.
Todos los actores de pantalón corto y de pantalón largo, contagiados por una rivalidad histórica y un entorno explosivo y caliente, que alimenta una prensa desmedida y fanática de cada región, se han extralimitado en sus respectivas funciones e igual han sido pecado las patadas de Pepe, como las agresiones verbales y simulación de lesiones de Dani Alves.
Ingenuo y fanático resultó ser don Florentino Pérez, quien amparado a la conquista de la Copa del Rey por su equipo, lo ubicó en la cima del planeta, olvidándose de la modestia de ese título y de que el club que preside hace rato que no gana nada.
Ingenuo e infantil Pep Guardiola tras sucumbir y quebrarse emocionalmente para responder, fuera de su tono comedido y habitual, a los ataques del pésimo perdedor que resultó ser Mourinho.
Para suerte de todos, solo queda un partido; la cobertura mundial de estos enfrentamientos llegó hasta el hartazgo; todos se pasaron de la raya; las pasiones nublaron los cerebros. Ahora a esperar si España, su Selección Nacional, no será la víctima.

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