Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 11 Abril, 2011


Los dos grandes del fútbol nacional salvaron el pellejo en la agonía de sus partidos, mucho más el campeón Alajuelense, que el Saprissa.
Hacía rato que no se escribía de la famosa Saprihora; incluso hubo un momento en que fue sustituida por la Ligahora. ¡Bueno! Ayer reaparecieron las dos.
Los manudos estaban a segundos de salir derrotados de Pérez Zeledón, para viajar en ruta express a un juego de vuelta contra la pared en su estadio, cuando una jugada mágica de Leandrinho le puso la bola servida a Jonathan McDonald que cruzó el empate en el minuto 90, mientras que el Saprissa sacaba un resultado cómodo de visita en Guápiles, empate a uno, cuando en el minuto 91 el pequeño Súper Ratón, Allan Alemán, decidió cobrar un tiro libre aprovechando desde luego la ausencia de Paté Centeno, propietario de esa acción, y resulta que el remate alto del relevo morado, se le coló al experimentado Wardy Alfaro por la esquina, de manera que los capitalinos regresan a Tibás con todas las de ganar y convertirse en semifinalistas.
Suerte de campeón; suerte de grandes, “guabas” o maleficios, la verdad que Saprissa y la Liga fueron favorecidos a punto de que se apagaran las luces de sus respectivas confrontaciones y la pura verdad, se les acomodaron a su antojo los juegos de vuelta.
Con Limón, uno no sabe ni qué pensar.
Cómo sus propios jugadores le echan a perder a su entrenador, Rónald Mora en cuestión de segundos, el trabajo de toda una larga temporada; un grupo de muchachos muy buenos para jugar al fútbol, alegres, picarescos, pimentosos, pero rotos emocionalmente, tanto o más que su actual gerente.
El sábado, directa o indirectamente, le regalaron el triunfo al Herediano, al que debieron enfrentar por muchísimos minutos con dos hombres menos; a estas alturas del torneo, el comportamiento de varios de los jugadores limonenses, expulsados a cada rato y en casi todos los juegos, por errores de los árbitros, como fue el caso de la expulsión injusta de Kevin Cunningham; por desconciertos propios (el infantilismo de Mooke); por broncas ajenas y propias (la reacción justa pero torpe de Kurt Bernard ante un supuesto insulto racista), ubican al Macho Mora en posición de retroceso y se les regala al rival, un handicap que no merecen.
Y… Cartaginés. Se trabó en el peor momento y quedó (hay milagros) listo para la embestida final en el redondel de Ciudad Quesada.
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