Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 8 Marzo, 2011


¡Qué locura ha desatado el nuevo Estadio Nacional!
¡Qué entusiasmo colectivo el del pueblo costarricense frente a la obra!
Adultos, jóvenes, niños; mujeres y hombres de todas las edades, razas y clases sociales se han entregado con una alegría desbordante a disfrutar del majestuoso coliseo, donado por el gobierno de China al pueblo costarricense.
Tours masivos; miles de miles de miles de fotos; vehículos que se detienen en sus cercanías para admirarlo; caravanas de buses que transportan a los ticos al monumento.
Costa Rica se mueve y se entusiasma alrededor del coloso, bancos, empresas, publicidad, patrocinios, hay un terremoto de sucesos que hacen vibrar a un pueblo que admira y agradece a los chinos ese regalo y al gobernante que hizo posible su construcción, la más grande y monumental que se ha levantado en Costa Rica en toda su historia.
¡Qué pequeños y desvalidos se ven sus detractores!
¡Qué mezquindad el no rendir honor a quien honor merece!
¡Qué falta de sabiduría al querer politizar su inauguración!
Yo no sé si cuando se construyó el Teatro Nacional, orgullo de nuestra Patria, en Costa Rica no había pobres, ni faltaban escuelas, casas, puentes o centros de convenciones.
Pero sí sé que gracias a este Estadio Nacional miles de miles de niños tendrán un espacio de lujo para dedicarse a la práctica de alguno de sus deportes preferidos y así, alejarse quizá del camino de las drogas.
Puede que el Estadio esté cerrado cuando el niño quiera visitarlo, pero siempre estará abierto para que una competencia deportiva o un espectáculo de primer mundo lo cautive y lo impulse a cambiar el billar por la bola de fútbol o una guitarra.
¡Gracias China!
¡Un millón de gracias!
Gracias a Oscar Arias.
Gracias a Osvaldo Pandolfo, quien personalmente escogió el diseño de esta obra y trabajó cientos de horas en su construcción, junto al lado de un valioso grupo de profesionales de diferentes disciplinas.
Qué pobres de espíritu los que hoy se comen el mandado y dan declaraciones a los medios de prensa sobre espacios, gramillas, asientos, vestuarios, rivales, sin haber sudado una gota de su frente mientras se construía con miles de obstáculos este coloso a punto de abrir sus puertas.
¡Obra inmensa, grande, monumental, que aplasta y entierra los lamentos de sus detractores!

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