Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 17 Enero, 2011


Poco satisfechos quedamos con el trabajo de la Selección Nacional después de que empató 1-1 contra Honduras; el mal presagio se prolongaba con la raquítica presentación en la primera parte ayer ante Guatemala.
El panorama varió radicalmente después de que Marco Ureña, en uno de sus clásicos goles que arrastra desde el Mundial de Egipto, se llevó su marca y mandó uno de esos misiles rastreros en los que es especialista para vencer la estirada del portero Luis Molina.

Después de esa anotación, la Selección jugó bien al fútbol, que es lo que se busca, sobre todo en torneos poco relevantes como Uncaf, donde es urgente clasificar únicamente para no hacer el ridículo (dado que avanzan casi todos los que van), lo que da paso a que sea prioritario jugar un buen fútbol para empezar a creer en la etapa de La Volpe.
En el programa “Tano qué… tal”, analizamos con dureza el trabajo de Costa Rica frente a los catrachos y llegaron las reacciones de aficionados que todo lo ven bien o los que piden paciencia para que don Ricardo se acomode.
Se entra entonces a puntos de discordia.
Uno desea que Costa Rica juegue bien, proyectándose a eventos de mayor envergadura en el futuro; se le da prioridad al hecho de ver al equipo jugar bien al fútbol, más que al resultado. Se da por un hecho que si el equipo juega bien, debe ganar.
A otros no les interesa cómo juega el equipo: lo relevante es empatar, o ganar o seguir. Entonces aplauden el ir derrotando a Honduras 1-0, lamentan que los catrachos nos empataran en el minuto 90, hablan de mala suerte y no se llega al fondo del asunto.
¿Cómo jugó Costa Rica ante Honduras?
¿Muy bien, bien, regular o mal?
No me agradó, aunque hubiese ganado 1-0 y eso preocupa, porque los jugadores están bajo la batuta de un técnico de clase A. Sus discípulos deben jugar bien al fútbol, porque es de suponer que el argentino enseña a eso.
Honduras nos empata; Guatemala nos pasa por encima en la primera parte; pierden dos goles muertos; Donny Grant se luce y reina la incertidumbre.
Sin embargo, todo cambia en los segundos 45 minutos, donde vimos una Costa Rica con más chispa, picando con verticalidad gracias al vértigo ofensivo de Randall Brenes, atrapado en los candados chapines; los relevos de Geiner Mora y Allen Guevara fueron productivos porque la tricolor se vio con alas y Marco Ureña hizo el resto.

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