Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 17 Diciembre, 2010


Cuando la inyección millonaria de Jorge Vergara le quitó los candados al estadio Ricardo Saprissa, se especuló que fue Hernán Medford el mediador para que el magnate tapatío metiera plata en el Deportivo Saprissa.
Lo cierto fue que en su momento, se conjuntó una tripleta de antología en la institución morada: Vergara soltando el billete; Jorge Alarcón soltando la lengua y el propio Medford como director técnico, pateando la gorra.
El millonario de Guadalajara se notaba ilusionado con su nuevo juguete; Alarcón se uniformó rápidamente de morado intransigente; invadió de polémica todo el entorno y puso al Saprissa en los primeros planos en los medios de comunicación y el entrenador Medford en el terreno de juego, continuó ese sabor a discrepancia tan necesario en ocasiones para mantener la vigencia de un club.
Sobre este trípode se levantaron copas, títulos, partidos gloriosos y aquel tercer lugar en el Mundial de Clubes que inmortaliza.
Sin embargo, la mazorca se desgranó; quitaron a Alarcón, Medford pasó a técnico de la Selección Nacional y a Vergara se le fue agriando el confite.
Si nos saltamos lo sucedido entre la etapa de Vergara, Alarcón y Medford y aterrizamos en la que integraron Efraín Flores, Víctor Badilla y Roy Myers, muchísima agua pasó debajo del puente del Deportivo Saprissa. Varias coronas con Jeaustin Campos; algunos movimientos relevantes en la parte administrativa; un título de campeón con el propio Myers, hasta que se vino el desplome y se produjo el derrumbe.
Hoy no están en el Saprissa, ni Flores, ni Badilla, ni Myers; el tridente que hasta hace pocas semanas movía los hilos administrativos y futbolísticos del equipo morado desapareció del panorama.
Casi nadie ha relacionado la destitución de Víctor Badilla con la posterior renuncia de Efraín Flores. ¿Habrá alguna conexión entre ellas?
Hoy, el trípode del Saprissa lo integran un lejano Vergara; Enrique Rivers y el técnico Juan Manuel Alvarez. Es imposible comparar la solidez de Vergara-Alarcón-Medford con esta de ahora.
A la distancia es fácil imaginar la orfandad que habita en el entorno del entrenador Alvarez, enviado a la guerra por un patrón manipulador de emociones y una sección administrativa rota y apenas en proceso de reinstalación.
¡Pobre huérfano!

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