Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 25 Noviembre, 2010


Si después de 40 años de periodismo, me debo preocupar de que alguien me tire en cara mi condición de seguidor del Alajuelense, estaría congelado y frito.
Imposible sobrevivir en esta jungla con ese temor, máxime cuando hemos externado opinión en prensa, radio y televisión.
Si no hice ningún cálculo acomodaticio para declararme aficionado a la Liga, apenas en mi primera crónica deportiva en La Nación, en 1969, no tiene ningún sentido asustarme o hacer cálculos ahora, después de tan larga jornada.
A qué viene el cuento.
El doctor Carlos Alfaro Rojas me mandó un comentario sobre las semifinales que empieza así: “Tano, soy liguista, igual que usted y por lo tanto entiendo su columna de hoy (ayer). Creo que “sin querer queriendo” la escribió para que nadie le tire en cara lo manudo. Revísela, de los tres equipos que quedaron 3, 5 y 8 en la tabla general dice buenas cosas y nombra a sus “jugadorazos”, elementos de lujo y otros atributos más. Del líder del campeonato que solo perdió dos veces, nada más refuerza sus debilidades”.
Del Alajuelense, escribí esto.
“Alajuelense fue el mejor equipo en la primera fase; nadie lo duda”. ¿Afirmar esto, es una debilidad, don Carlos?
Pero, y aquí viene el pero.
“Su desempeño ha dejado dudas. Mauricio Montero está molesto y dice que a la Liga no se le ha dado crédito total.
Más que molestarse, el amigo debe ver para adentro y encontrar las razones a esa disconformidad de los simpatizantes manudos, después de 18 presentaciones.
Cuando el río suena…” y ahí terminé.
Bueno, el mismo consejo que se le da al famoso “Chunche”, va para Alfaro.
No se están poniendo en duda los números del Alajuelense; fue el mejor equipo de la primera fase; lo que se debe analizar es el porqué de esa molestia generalizada entre una mayoría de seguidores de la Liga, sin incluir a sus fanáticos, que solo piensan como fanáticos, que obligaron a Oscar Ramírez a dar explicaciones públicas al final del 90% de los partidos, todos ganados, por el desempeño del equipo que aún venciendo, no complacía el gusto de sus parciales, entre estos el mío.
El domingo pasado en el Morera Soto, la mayoría del estadio opinaba al final del primer tiempo que si Pérez metía el segundo, eliminaba a la Liga. Aunque era un supuesto, don Carlos debería analizar fríamente de dónde y por qué se derivaba ese temor.

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