Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 15 Noviembre, 2010


Hay cosas que uno no entiende.
Dicen que adelantaron la jornada de los cuartos de final del campeonato al sábado, debido a que la Selección Nacional salía ayer domingo para Miami, a enfrentar a Jamaica.
Lo curioso es que de los ocho equipos sobrevivientes: Santos, Barrio México, Pérez Zeledón, Alajuelense, San Carlos, Herediano, Brujas y Cartaginés, solo el Herediano tenía a tres de sus futbolistas en el seleccionado: Esteban Ramírez, Diego Madrigal y Víctor Núñez, de manera que era el único equipo que se podía ver afectado si se jugaba domingo.
Brujas aportó un jugador titular; Heiner Mora y la Liga, uno suplente: Marco Ureña. Todos los demás jugadores convocados por Ricardo La Volpe vienen de afuera (nueve) y otros juegan con equipos eliminados del campeonato, caso de los morados, José Mena, David Guzmán y Josué Martínez; el chuchequero Oscar Duarte, el celeste, Daniel Cambronero y el limonense, Dave Myrie.
¿A quién entonces se le ocurrió eliminar la jornada matutina o vespertina dominguera, para meter a los equipos, sin ninguna necesidad a jugar en esos charcos?
Sobre todo el partido en Pérez Zeledón debió jugarse ayer domingo a las 11 de la mañana; aquella cancha, como bien lo afirman varios colegas presentes en el evento, parecía pista de motocross, pero esta competencia estaba señalada en La Olla en Sabanilla, y Kevin Sancho, lo mismo que César Elizondo, no son familia ni de Adrián Robert ni de Johan Mora.
Si los Guerreros no tenían un solo futbolista en el grupo de La Volpe y la Liga solo a Ureña, fácilmente sustituible e incluso, suplente en los últimos partidos de los rojinegros, donde han sido estelares Leandrinho y Alpízar… ¿qué sentido tenía jugar en ese barreal?
Me parece recordar que un equipo podía pedir la suspensión de un partido, si le convocaban tres o más jugadores a la Selección Nacional. Salvo la situación del Herediano, no era el caso de los otros siete clubes en lista.
Incomprensible entonces la decisión de los dirigentes, máxime cuando al presenciar ese partido entre guerreros y manudos, en esa cancha desastrosa, despedazada por la lluvia, que pone en peligro severo la integridad de los jugadores (hasta pueden perder un ojo), supuestamente sin ninguna necesidad, a menos que exista alguna razón de peso que este fraile desconozca.
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