Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 11 Noviembre, 2010





Ninguna persona que se meta al fútbol costarricense como dirigente en los últimos diez años, una vez pasada la década que siguió al Mundial en Italia 90 y que trajo a Costa Rica la inflación en el mercado de los jugadores y por consecuencia lógica su bancarrota, a menos que no sepa nada del negocio; sea un ciego fanático o cumple sueños de grandeza comerciales inalcanzables, por ilógicos, puede firmarles un contrato a Minor Díaz y a Pablo Salazar por $7 mil y $6 mil mensuales, respectivamente, que es más o menos lo que se calcula tras los reclamos de pago de hoy de este par de futbolistas.
Ni Minor, ni Pablo son estrellas de nuestro fútbol; incluso, a la hora de ser fichados por Liberia Mía no estaban en la cúspide de sus trayectorias. Apenas se mantenían en la ola, no en su cresta; tanto es así que un par de temporadas después, los dos futbolistas que fueron del Alajuelense antes de convertirse en liberianos, juegan hoy en un club pequeño como la UCR, suponemos que devengando un salario que ni por asomo se asemeja al que ganaron en la pampa.
¿Si estos eran los salarios mensuales de Díaz y Salazar, cuánto le pagaban entonces a Alvaro Mesén, Harold Wallace, Freddy Fernández, Tirso Guío, Víctor Núñez y otros más cotizados?
¿Cuál era el plan, el programa, la idea o el negocio de Mario Sotela? Formó un equipo de estrellas para ganar un campeonato y lo logró.
¿Pensó quizá que con esto era suficiente para que al club le llovieran los patrocinadores? ¿Esperaba que el comercio y las fuerzas vivas liberianas se volcaran en apoyo del equipo monarca?
Solo el ahora cuestionado dirigente, repleto de obligaciones monetarias en el entorno de su vida, conoce sus planes y propósitos, para pagar estos salarios inusuales a sus futbolistas. Eso sí, ninguno de estos jugadores tiene la culpa, ni la responsabilidad de ganar tanto dinero.
Si alguien paga, ellos aprovechan y cobran.
Lo que llama la atención es esta forma tan infantil, ingenua, ilógica, pero igual tan irresponsable de dirigir un club de fútbol, llevarlo a la ruina, romper la calidad de vida de varios jugadores y a pesar de… pasarse tranquilamente a dirigir y controlar a otro club para igual, enviarlo en pocas semanas al abismo.
Qué falta hace en el fútbol costarricense la figura de un Comisionado como el que ordena en las Grandes Ligas, para detener estos desmadres.

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