Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 7 Julio, 2010


Me corto la jupa sin con otro balón que no sea el cuestionado Jabulani, el portero Maarten Stekelenburg, desvía el trallazo de Diego Forlán.
Esa bola ha sido un completo desastre, mucho peor que los arbitrajes, pero doña FIFA, como todas las transnacionales del planeta, se hace “la loca” cuando le conviene y evade responsabilidades.
El portero estaba bien colocado; el bólido de Diego viajaba directo a sus puños y había suficiente distancia para cortar el trayecto hacia la red. Pero, en el aire, esa bola es como la más rápida y letal de las serpientes y entonces, dibuja unas fintas que la transforman en una serpentina inatrapable y engaña a los porteros.
No ha habido ninguna Copa del Mundo con más “errores” de porteros; “errores defensivos”, como el de Ricardo Osorio, repetido hasta la saciedad en muchos otros juegos sin fatales consecuencias; remates desviados al vacío y sobre todo, el 80% de los tiros libres que han matado decenas de zopilotes en el continente africano, culpa exclusiva de Jabulani.
Alguien debería demandar a la empresa fabricante de esta “bolita de playa”, como la calificó el paraguayo José Luis Chilavert.
La primera semifinal tuvo un cierre de infarto, después de que Maxi Pereira descontó en el minuto 92; fue similar al Italia-Eslovaquia y ni que decir al Uruguay-Ghana.
Lástima que los equipos no aprovechen 85 minutos que les da el reglamento en procura de hacer las cosas mejor y se esperan a la parte emocional del juego, al todo o nada, al de por sí ya perdimos para entregar el resto.
Antes del golazo de Gio Van Bronckhorst, una obra de arte que debió ser cantada por Roger Ajún, con aquel grito exclusivo suyo de que “entró por donde tejen las arañas”, la semifinal arrancó equilibrada. Con el 1-0, Holanda no apretó y luego Uruguay marcó el empate.
Quedó la impresión de que el Maestro Tabárez no midió tácticamente la importancia del ingreso de Rafa Van der Vaart por Zeeuw, porque los tulipanes empezaron a tocarla, a pasarla de lado a lado en los linderos del área charrúa y llegaron los problemas para Muslera. Además, fue notorio que la celeste se cayó físicamente y no hubo refrescamiento de líneas. La ventaja tulipana se olfateaba y se dio, pero luego Holanda con el resultado “definido”, entró en zona de confort muy peligrosa (salida de Robben), que permitió la reacción emocional tan típica de los aguerridos suramericanos que en esta ocasión no alcanzó.

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