Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 24 Abril, 2010


Lo más fregado de los malos arbitrajes, que han sido moneda corriente en nuestro campeonato, es que se vuelcan a favor de los equipos grandes en instancias decisivas del torneo, lo que los hace verse más monumentales.
Desde luego que esto no sucede siempre; también los clubes poderosos se han visto perjudicados en diferentes oportunidades o cuando se enfrentan entre ellos, pero la gota derrama el vaso cuando se juntan acciones en diferentes escenarios, en contra de los clubes chicos y ahí la afición y la dirigencia se rebelan.
Sucedió con el “penal” que le pitaron a Pérez Zeledón a favor del Saprissa y el otro “penal” que le sancionaron a Puntarenas para favorecer a la Liga.
El primero les sirvió a los morados para abrir la cuenta contra los guerreros, partido crucial en que estos se jugaban el pasaporte a cuartos de final. El segundo, ayudó a los manudos a aumentar la ventaja que llevaba a los tiburones, acción injusta que les cortó las aletas.
El arbitraje costarricense no es ni más bueno ni más malo que el de otros campeonatos del mundo; repasen a qué nivel metió las “patas” el silbatero portugués que pitó Inter-Barcelona. Incluso, se han presentado buenos arbitrajes en este Torneo de Verano.
Pero, en el fondo y para lo que interesa, el arbitraje nacional no ha podido solucionar diferentes problemas estructurales, sobre todo a nivel de dirigencia, que lo aquejan desde los viejos tiempos de Alvar Macís, Juan Soto París, Luis Paulino Siles, Berny Ulloa, todos los Carlos (Alvarez, Arrieta, Monge), Rodrigo Badilla, Ronald Cedeño y más, hasta las nuevas generaciones.
Por algo la Comisión de Arbitraje de la FIFA, no selecciona un juez costarricense de central para un Mundial; ese es un mensaje ya viejo que parece no cala en el arbitraje criollo. Lo que sucede es que la solución a este problema, no puede darse a lo interno del “mundillo” de nuestros silbateros. Tiene que darse a lo externo y aquí, nadie le pone el cascabel al gato, en mucho porque el 99% de nuestros dirigentes, no conoce el reglamento.
Dejan mucho al azar, a la intuición; a aquello tan tico de que aquí nunca pasa nada. Dios quiera no haya que esperar a que un silbatero reciba un botellazo en la cara, lanzada por un energúmeno, para “empezar a trabajar” en el caso y entender que el arbitraje también es cosa de ellos.

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