Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 19 Marzo, 2010



Me quedó la impresión de que Roy Myers preparó una estrategia para el clásico, mientras Luis Roberto Sibaja confió más en el buen momento de su equipo; la picardía de su medio campo; la velocidad de su ataque, pero no planificó con la paciencia de Roy, el partido.
Saprissa mostró y enseñó más pizarra que la Liga; por eso el balón lo tuvo Alajuelense, pero el gol lo hizo el Saprissa que pudo liquidar el partido en el primer tiempo, si el propio Josué Martínez, verdugo de Wardy Alfaro, no deja escapar dos clarísimas oportunidades.
Noten si Roy Myers planificó una estrategia distinta para este compromiso, que “su “ Saprissa jugó muy diferente a como lo venía haciendo. La bola no pasó por Walter Centeno sino que viajó larga desde el fondo, detrás de las espaldas de los centrales Marín y González.
Fue constante el pelotazo de Núñez, Drummond, Paniagua, Barrantes, a la espalda de los centrales manudos, de por sí no muy rápidos y por esa ruta no solo hallaron el gol, sino que partieron más de una vez la retaguardia eriza.
Otro movimiento táctico del “Maravilloso” fue abrir casi a la par de la línea vertical a Yader Balladares, quien jugó plácidamente a terreno descubierto. La intención de Myers era que su pequeño carrilero se trajera la marca de Clark, para abrir aún más un boquete en el centro de la defensa rojinegra.
En cambio, a Andrés Núñez le ordenó quedarse atrás para que rompiera la asociación entre Meneses y Gabas; con Douglas Sequeira jugando en la nuca de Jean Carlo Solórzano, a Marco Ureña lo pudieron atrapar entre Drummond y Cordero.
Mientras Paté, libre de echarse al equipo al hombro, distraía la marca de Valle, Michael Barrantes se paró por el sector izquierdo de la cintura a catapultar servicios.
Por eso Saprissa fue más simple; todo lo hizo más fácil; tuvo una victoria sencilla, en tanto Alajuelense se jugó un partido emocional “a lo que saliera”. Fueron los dueños del balón, pero tácticamente la escuadra enseñó muy poco, por no decir que nada.
Un detalle lo prueba: Diego Estrada cobró tres tiros libres directos y globeados a las tenazas de Navas; ni remató a marco, ni los sirvió a sus compañeros. O sea, los cobró a lo que saliera, como jugaron sus compañeros. Enorme desperdicio en partidos cerrados.

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