Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 8 Marzo, 2010



Cómo cuesta aceptar errores.
Cómo se tapan entre ellos jugadores y entrenadores.


Cada vez que hay un fracaso en un equipo de fútbol, despiden al director técnico y este enfila las baterías para justificar su despido, casi, casi siempre en dos sentidos: dirigencia y prensa deportiva.
Curiosamente: dos sectores que no juegan.
Cuando Hernán Medford fue nombrado por la Federación como técnico de la Selección Nacional, gozó del apoyo del 99% de la prensa deportiva nacional.
Como dictaba la lógica, Medford montó su estrategia de juego con base en el Deportivo Saprissa, su equipo, el que hizo campeón y con el que se lució en el Mundial de Clubes donde ocupó el tercer lugar.
Pero, los jugadores no le respondieron.
Ese título de la UNCAF que don Hernán le restriega en el rostro a Eduardo Li, tiene su historia. Recordemos la angustia para conquistarlo, gracias a un gol agónico de Kurt Bernard que se lo arrebató de la mesa a la Panamá de Guimaraes.
La selección de Medford jugó mal en la UNCAF y jugó mal en la primera fase de la eliminatoria y el técnico nunca responsabilizó a sus jugadores, la mayoría exitosos con el Saprissa, por su baja de nivel y de rendimiento con la tricolor. Hernán prefirió amarrarse a un par de discursos: ganó la UNCAF y dejó clasificada a la Selección para la siguiente fase: por consiguiente, fue un triunfador, injustamente sustituido por Eduardo Li.
Rodrigo Kenton repite el libreto.
Nos sorprende a todos con una espectacular primera vuelta de la hexagonal y nos defrauda a todos con una pésima segunda fase: el equipo, la nómina, la alineación se le derrumban, en mucho porque futbolistas que estuvieron brillantes en la primera ronda, fueron un desastre en la segunda: Celso Borges fue el líder de ese extraño cambio de actuación.
Un siglo después, una vez conocido el desafortunado informe de Eduardo Li, Kenton reparte culpas, centra la responsabilidad del fracaso en el dirigente, “porque lo quitó” y no se atreve a citar el nombre de uno solo de los jugadores que se le cayeron en la segunda vuelta.
Dicen que entre bomberos no se deben majar la manguera, pero las profesiones de Kenton y los futbolistas son distintas; ejercen funciones diferentes, cumplen trabajos distintos.
¡Qué fácil entonces criticar al que no juega!

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