Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 3 Marzo, 2010



Walter Centeno se presume distinto; es distinto; siente distinto. No es un futbolista afín a la mayoría.
¿Cómo lo nombra entonces Rodrigo Kenton, capitán?
En el programa Fútbol por Dentro, que conducen Cristian Mora y Erick Lonnis, el pasado lunes se indicó que en ese mismo espacio, Walter Centeno manifestó públicamente que no deseaba ser el capitán de la tricolor y que así se lo hizo saber en su momento al director técnico.
Interesantísimo conocer de esta información, porque el deseo expreso del Paté encierra valioso análisis de lo que sucedió muchas semanas después con el malogrado informe de Eduardo Li.
Se debe aplaudir y reconocer la decisión de Centeno y se debe reprochar el no haber sido respetada y avalada por el entrenador Kenton, que con esto, suma un punto negativo más a su labor.
Cuando Centeno decide no ser el capitán de la tricolor, es fácil deducir que lo pide no por falta de calidad futbolística o ejercicio de liderazgo, sino porque el morado en sus adentros, reconoce no tener la personalidad apropiada para ese cargo. A pesar de ello, Kenton lo nombra capitán y al ratote aparecen las manifestaciones de Li, recargando en el Paté parte del fracaso en la eliminatoria mundialista.
No tenemos ninguna duda a pesar de no haber estado ahí, de que en el larguísimo camino de la eliminatoria, la personalidad de Walter Centeno tuvo que producir roces y divisiones, unas propias de todo grupo humano y otras de mayor relevancia que no trascendieron.
El error de bulto de Eduardo Li fue dar en su informe relevancia a tonterías propias de cualquier delegación, como pedir ir antes al hotel y que otros no quieran, pero no se atrevió a denunciar las graves, como, por ejemplo, dar el nombre del otro jugador que tuvo roces con Centeno en el vestuario o informar de cuando Paté les gritó a los directivos de la Federación en público.
El informe del presidente de la Federación es ingenuo, infantil, porque ni un chiquito de ocho años hubiese escrito las ingenuidades ahí manifiestas, cuchillo para el propio pescuezo del dirigente y manjar para sus detractores, que ahora suman un argumento de mucho peso para pedir con mayor ahínco su cabeza.
Fue sin duda la metida de escarpines más relevante del jerarca del fútbol nacional en su puesto.

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