Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 27 Enero, 2010



Uno, por no decir que el principal argumento de actores del deporte, llámense jugadores, técnicos y dirigentes, para rechazar la crítica de la prensa deportiva, es que si la hace un periodista que por ejemplo, nunca jugó al fútbol oficialmente, no tiene capacidad o conocimiento para esa crítica.
Están sentados en la galleta (no la de Ottón) de que para criticar, para cuestionar, se debió practicar ese deporte, pero no en mejengas, sino oficialmente.
En lo personal me ha sucedido a menudo y sigue aconteciendo, específicamente con la disciplina del fútbol.
Los críticos de los periodistas que criticamos, sentencian que no podemos criticar porque nunca jugamos el deporte que practican. ¿Entendieron?
Curiosamente con el tenis o los tenistas nacionales nos sucede lo contrario; a pesar de que en la vida hemos agarrado una raqueta, ni siquiera para disputar un “game”; en el ámbito del tenis costarricense, los análisis, crónicas, columnas y comentarios de este fraile, son aceptados, bien recibidos y con mucho honor para nosotros, dicen: “Tano sabe mucho de tenis”.
He visto mucho tenis; soy apasionado de este deporte; colecciono revistas de todo el planeta; he asistido a ver tenis a grandes competencias internacionales, como los Olímpicos de Seúl (Evert, Sabatini, Graff), Copa Davis y en dos ocasiones el U.S. Open (Sampras, Agassi, Davenport, Capriati) y dice el dicho que… viendo se aprende.
Y hacia esto vamos.
En La Nación se publica una sección “Hace 50 años”.
Hace 50 años, Tano tenía 16; cuarto año Colegio los Angeles; la Liga tricampeón nacional, con Juan Ulloa mi ídolo y recuerda el diario que en solo una semana, jugarían en el Estadio Nacional, Estudiantes de La Plata, Botafogo (con Garrincha), Huracán de Argentina e Irapuato. Meses después jugó el Real Madrid y este columnista, gracias a la pasión de mi padre Leonardo por el fútbol, vio, estuvo presente en el Estadio Nacional en todos esos partidos y en todos y todos los demás, con los mejores equipos del mundo.
¿Cómo es eso entonces, que porque no jugué con Barrio México o Sagrada Familia, no puedo opinar de fútbol, ni mucho menos ser dirigente deportivo?
Si con lo que he visto de fútbol en el mundo, no puedo comentarlo, analizarlo, cuestionarlo… ¡cómo es la vaina!

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