Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 21 Enero, 2010



Hanna Gabriels merece todo el reconocimiento y el apoyo del gobierno para desarrollar su carrera.
Nosotros no pretendemos, ni mucho menos pedimos que a la boxeadora no se le gire un cheque por ¢117 millones que según una investigación de La Nación, se ganó por haber conquistado el título mundial wélter de la Organización Mundial de Boxeo.
Eso que lo solucionen entre los que corresponde y que sirva de lección para no aprobar proyectos populistas de legisladores transitorios, que buscan lucirse según el momento, presentando proyectos de ley como el que fue aprobado, para la creación del Premio Claudia Poll, sin ningún tipo de análisis y proyección al futuro y mucho menos, que es lo más grave, sin respaldo ni contenido económico.
Decíamos ayer que si la Selección Nacional juvenil que se lució en Egipto, hubiese ganado el tercer lugar en el partido contra Hungría y que lo tuvo en sus manos, según este premio, cada uno de los 22 jugadores y el cuerpo técnico, tendrían derecho, como Hanna Gabriels a ¢117 millones cada uno, lo que conlleva a la quiebra del Icoder y de cualquier presupuesto deportivo en este pequeño país.
¿Cómo se puede ser tan irresponsable para aprobar proyectos de ley como este?
Si lo que se pretendió fue estimular a deportistas como la nadadora Poll, o sea, fuera de serie para nuestro medio, la ley debió ser mucho más clara, los requisitos para ser merecedores de ese premio en efectivo más selectivos e incluso, que fuera un tribunal de notables del deporte el que fallara si un deportista, después de su logro, se hace merecedor al reconocimiento.
Pero no se puede legislar a la ligera, porque es una irresponsabilidad aprobar en una ley, que cualquier atleta costarricense que gane un campeonato mundial o una medalla olímpica, se haga merecedor del premio, porque campeonatos del mundo de centenares de deportes se juegan cada cinco minutos, muchos de ellos, verdaderos shows, donde no priva la preparación científica del deportista. Y es el boxeo valga la redundancia, la disciplina que más se presta a montar espectáculos rodeados de anillos de corrupción.
Si Hanna ganó un título mundial, debió recibir al conquistarlo, miles de miles de dólares, entonces, que su agente aproveche esa corona, no importa que haya renunciado a ella, para pasearla por el mundo y convertirla en multimillonaria, que se lo merece.

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