Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 4 Diciembre, 2009



Concluyo con este tercer comentario la serie de reflexiones que apuntamos, como un primer paso para reinventar nuestro fútbol, tras el descalabro en la eliminatoria al Mundial.
Los dirigentes de los clubes se enorgullecen de sus fuerzas básicas; de los centenares de niños que juegan al fútbol en las divisiones menores de sus equipos.
Es ahí donde tiene que penetrar imparable y decidida la revolución en nuestro fútbol.
Hay que arrebatar a esos niños de sus actuales “profesores”, esos que no les pueden enseñar por falta de conocimientos propios, cómo llegar a jugar con intensidad (grito de alerta de René Simoes) y entregárselos, como hizo Guido Sáenz con los niños talentos musicales, a verdaderos maestros.
Desde 1994 enseña en Costa Rica música, el maestro pianista ruso Aleksandr Skliutovski; fundó el Instituto Superior de Arte que todavía hoy dirige y es profesor de la Escuela de Música de la Universidad Nacional.
El trabajo inmenso de este hombre, se refleja en esa camada de músicos costarricenses repartidos en todo el mundo, mostrando talento.
Son nuestros legionarios, pero estos son profesionales de verdad, con muy poco parecido o nada, a los famosos y estrellados legionarios de nuestro fútbol, esos que llegan a la Selección Nacional a jugar sin consistencia, porque nadie, cuando eran niños, les enseñó los fundamentos del juego del fútbol.
Cuando los dirigentes del fútbol costarricense dejen de hablar tonteras y se decidan a traer y a fichar maestros como Skliutovski, quitan, expulsan, sustituyen, como hizo don Guido en la Sinfónica a profesionales cansados o improvisados que no están bien preparados para ejercer sus funciones en las fuerzas básicas de nuestros equipos, otro gallo empezará a cantar.
La revolución musical suma 40 años, si entregamos nuestros talentos infantiles del fútbol a maestros como este pianista ruso, para el Mundial de 2022, Costa Rica podrá codearse con los grandes.
Sobrarán patrocinadores para un proyecto como este; mientras tanto, paguen a los futbolistas de elite de nuestro insulso campeonato el sueldo que se merecen de acuerdo con lo que rindan y paren ya esa incontrolable inflación que nos ha llevado una y otra vez al fracaso. Este es el punto uno de la agenda; enseñar a nuestros talentos a jugar con intensidad.

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