Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 26 Octubre, 2009



¡Qué interesante!
Resulta que ahora pocos quedaron satisfechos con el empate de la selección Infantil contra Nueva Zelanda.
Se engolosinaron con la Juvenil y pensaron que los muchachos de Juan Diego Quesada, como que estaban obligados a triunfar en su debut en el Mundial en Nigeria.
Hemos perdido las dimensiones.
Si los discípulos de Ronald González hubiesen sido eliminados en la primera fase en Egipto, como era lo usual antes de su rebelión futbolística que los llevó a las semifinales en su brillante evento en la ciudad de las pirámides, el empate de ayer de los infantiles en Nigeria, se hubiera analizado como un buen resultado, así como lo vio precisamente su técnico, Juan Diego Quesada.
El entrenador, sin pretender defender a ultranza a sus infantiles, manifestó que debutar en un Mundial siempre produce cosquillas en la panza; no es cajeta pararse ahí ante los ojos del planeta, de ahí que los nervios atraparon a los nacionales y eso se notó en la acción del gol inicial del rival, compendio de yerros defensivos de los nuestros.
Sin embargo, poco a poco Costa Rica se encontró y fue hilvanando un fútbol atractivo que lo puso en dos ocasiones de cara al gol, conquista que finalmente llegó en la tercera oportunidad, gracias también a un error de marca del par de centrales neozelandeses y la astucia de Joel Campbell, sin duda muy buen jugador.
Desde luego que Costa Rica estaba para más: cierto que Nueva Zelanda no resultó ser la gran cosa y que con un poco de orden y concentración se le pudo hacer el segundo, pero lo que está mal estructurado es creer o imaginarse de que, porque la Juvenil llegó a semifinales en Egipto, la infantil prácticamente está obligada a convertirse en campeona del mundo.
Nada que ver.
Se deben variar los parámetros y aterrizar en la realidad.
Sin ser conformista, únicamente aferrado a la normalidad, este empate de Costa Rica contra Nueva Zelanda, hay que mirarlo como un buen resultado y proyectarse positivamente para lo que viene: el grupo se observa menos complicado que el de los juveniles; no hay Brasil a la vista, de manera que el 1-1 de ayer dejó abiertas las compuertas de una eventual clasificación a la segunda fase, que por ahora, es lo que interesa.
Los seleccionados juveniles nos metieron en un torneo apasionante; después de la goleada que sufrieron con Brasil, nos sumergieron en una serie de partidos escalofriantes. Es justo entonces otorgarle a los infantiles, desde Costa Rica, la buena vibra e incluso reflexionar en el hecho de que empezaron empatando, muy diferente al arranque de sus elogiados antecesores.

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