Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 9 Octubre, 2009



No siempre se presenta un sábado como el de mañana.
El fútbol de Costa Rica tiene un par de citas con la historia; su seleccionado juvenil está a 90 minutos de escribir la página más brillante del balompié costarricense, en caso de clasificarse a la semifinal del Mundial en Egipto, mientras que la mayor tratará de volverse a subir al barco de la clasificación directa al otro Mundial, en Sudáfrica, aunque para lograrlo, no dependa de sus propias fuerzas.
Costa Rica contra Emiratos Arabes en El Cairo.
Costa Rica frente a Trinidad y Tobago en Tibás.
Las cartas están puestas sobre la mesa y resta esperar el libreto de las dos películas.
Me emocioné muchísimo mientras leía una entrevista que le hicieron a la madre de Ronald González, doña Aida Brenes en Extra, donde la señora, orgullosa desde luego del trabajo que hoy cumple técnico, afirma que al ver jugar a los discípulos de su hijo, recuerda de inmediato a “Los Carasucias” de Juan José Gámez, 88-89.
“Me parece estar viendo a Juan Carlos Arguedas, a Paúl, a Danilo Brenes, a Ronald; Peynado, al Carraco Chávez y Eusebio, a Oscar Valverde, Orlando Sibaja, German Rodríguez y Bryance Villalobos; a Porritas, Harold López, Adrián Leandro; a Berry, a Vargas, a Víquez y todos los demás que en Mazatenango gritaron ¡Sí se puede! Y apalearon a México.
¡Sí se puede! Y otros derrotaron a Egipto en su cueva.
¡Sí se puede!, futbolistas de la Mayor.
Tendrán que poder; tendrán que ver qué hacen y qué actitud le instalan al partido en Washington, porque ya los ticos presupuestamos el triunfo contra los trinitenses.
Mis queridos “Carasucias”, los mismos que no puede olvidar doña Aida, porque formaron una generación excepcional, hincaron a los aztecas llenos de forros; hoy, otra generación juvenil, con uno de ellos como orientador, destroza a Egipto en su patio animado y empujado por 74.000 almas.
Entonces, a los grandes, a los consagrados, a los europeos, no les queda más remedio que imitar las historias y dar el zarpazo en un escenario poco propicio para el seleccionado costarricense, acostumbrado a quedar ahí tumbado.
Sentimos que el empujón mental y anímico que los juveniles han dado a los mayores, debería alcanzar para escribir una partitura radicalmente distinta en Washington.

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