Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 23 Septiembre, 2009



Walter Centeno no da declaraciones a la prensa.
El escoge cuándo.
Mario Sotela, dueño de Liberia Mía, mandó a la prensa deportiva para el zoológico; “aquí no entra nadie”. (Estadio Edgardo Baltodano).
“Si quieren mirar para informar: paguen”.
Este par de sucesos retornan al tapete la eterna interrogante.
¿Quién necesita de quién?
¿Pudo llegar el Paté a donde llegó sin la ayuda y los estímulos de la prensa deportiva?
¿Necesitamos los periodistas deportivos de Liberia Mía para sobrevivir?
¿Cuándo, los dirigentes de clubes harán la enorme diferencia entre empresas que dan cobertura al deporte y reciben ingresos millonarios por esa cobertura y simples y llanos periodistas deportivos, empleados algunos de esas mismas empresas?
Cuando la Selección Nacional fracasa, como sucedió en los tres últimos partidos de la hexagonal, fracaso que le costó el puesto a Rodrigo Kenton, brotan como es usual opiniones contrarias a la preferencia que los medios de comunicación otorgan al fútbol.
Decenas de deportistas practicantes de otras disciplinas, triunfadores en sus respectivas competencias, son ignorados por la prensa deportiva criolla, con las excepciones de rigor, que se dan únicamente cuando las hazañas de estos atletas no futbolistas, son de dimensiones tan monumentales, que resulta imposible obviarlas.
Pues bien…¿por qué no aprendemos los periodistas deportivos, de estas lecciones de menosprecio e irrespeto que nos dan el Paté, don Mario y otros actores de nuestro mediocre fútbol y poco a poco vamos ignorando o dándoles menos pelota a futbolistas de poco nivel, dirigentes fanáticos y entrenadores reyes de la improvisación y nos volcamos a divulgar información que valga la pena?
Personalmente estoy completamente seguro de que esta Nota, 99,9% futbolera, sobreviviría sin el menor problema si mañana se cierran todos los estadios de fútbol del país.
Es más, sería un ejercicio mental maravilloso, novedoso y excitante, cambiar radicalmente el casete y escribir de los éxitos y sacrificios de tantos y tantos atletas costarricenses, arrinconados en sus logros, por el acaparamiento en los titulares de las figuras que practican uno de los “futboles” más malos del planeta.

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