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Martes, 13 de noviembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Lunes 11 julio, 2016


Cleveland (EE.UU.). Los monumentales coliseos donde juegan los Cavaliers y los Indios, aquí en Cleveland están prácticamente pegados. Solo los separa una amplia avenida. Desde luego que se fue construyendo una amplia zona rosa, repleta de restaurantes, bares, tiendas y bulevares muy acogedores.
Antes de que se inicien los juegos y como se da en todo el mundo, los jóvenes se hartan de alcohol, mientras gente más adulta prefiere una buena comida anticipada. Pero, curiosamente y contrario a lo que sucedería específicamente en el país más feliz del mundo, que es el mío, a la salida de los juegos nocturnos, cerca de las diez de la noche, la mayoría de estos negocios ya están cerrados. A sus propietarios no les interesa hacer más “money”, y miles de aficionados que quieren cenar y beber, no hallan un lugar abierto.
El jueves pasado se iniciaba la serie entre Indios y Yankees y vieran qué gran cantidad de seguidores de los Bombarderos del Bronx estaban en esa zona rosa. Muchos más que de los Tigres, ciudad que está más cercana a Cleveland y con los que se presenta mayor rivalidad.
Esa noche de jueves la Tribu ganaba el juego 2-0 con jonrones de Tyler Naquin y Jason Kipnis, pero los Mulos le cayeron a palos al abridor Trevor Bauer con imparables de Garner, Castro, McCann y vuelacercas de tres carreras de Didi Gregorius, el gran sustituto de Derek Jeter en el campocorto y pasaron arriba 5-2.
Los Indios reaccionaron y acortaron la ventaja a 5-4, aprovechando un pequeño descontrol del abridor Ivan Nova. Corría el sexto inning y fue cuando quienes tenemos pasión por este deporte, lo conocemos y nos gusta, tuvimos, sin importar la preferencia de equipo, la oportunidad de ver en el montículo de los Mulos, a su tripleta de cerradores, la mejor de todas las Grandes Ligas. Esto es un deleite a la vista para quienes gustan del béisbol profesional.
El mánager de los Yankees, Joe Girardi, adelantó el ingreso de Dellin Betances a mitad del sexto episodio, cuando a Nova se le escapaba la mínima ventaja. El derecho lanzó todo el sétimo; vino el zurdito Andrew Miller, una joya de lanzador a limpiar el octavo y el noveno, para el zurdo lanzallamas cubano, Aroldis Chapman.
Estar sentado en un estadio de Grandes Ligas y ver a un cohete tirando a 103 millas por hora, es realmente espectacular. Los Indios cayeron 5-4, pero mirar este tridente vale el precio de la derrota.