Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 21 Junio, 2016

Personalmente, en lo deportivo viví un fin de semana espectacular.
El viernes, la Selección de Italia derrotó a Suecia 1-0 y fue de las primeras en clasificarse a la segunda fase de la Eurocopa.


El sábado, mi querido Osasuna de Pamplona, triunfó de visita en Girona 0-1, ya lo había derrotado en casa 2-1 y conquistó la tercera plaza de ascenso a la primera división del fútbol en España. Acompañará al Alavés y al Leganés primero y segundo lugar respectivamente de la segunda división.
El domingo, lo más grande: los Cavaliers derrotan a los Warriors de Golden State, ganan el título de la NBA y le dan a Cleveland el primer título de una de sus franquicias deportivas en 52 años.
Como feria, los Indios derrotaron 3-2 a los Medias Blancas de Chicago para continuar como líderes de la División Central de la Liga Americana, medio juego arriba de los Reales de Kansas City, campeones mundiales.
Grandes regalos sin duda, para este papá en su día.
Quienes visitamos Cleveland a menudo le tomamos cariño a la ciudad; como fanático de La Tribu he sentido en carne propia la frustración cuando se escapan los títulos mundiales.
En 1997, un hit del colombiano Édgar Rentería de los Marlins, impidió que los Indios ganaran la Serie Mundial; dos años antes la habían perdido con los Bravos de Atlanta.
Cleveland tenía un equipazo con Jim Thome, Roberto Alomar, Omar Vízquel, Travis Fryman, Kenny Lofton, Manny Ramírez, George Bell y Sandy Alomar. A todos se les escapó la corona.
Una especie de maldición, de entorno negativo, lógicamente frustración, envolvió a los habitantes de Cleveland, lógicamente seguidores de los tres equipos de la ciudad.
Cavaliers en baloncesto, Indios en beis y Browns (Cafés) en fútbol americano. Fueron precisamente los Browns, los últimos en darle un título a la ciudad en 1964, hace 52 años cuando derrotaron a los Colts de Baltimore 27-0 en el estadio Municipal.
El gran desahogo, el final de tantos tormentos, la maldición o lo que fuera, terminó el domingo. El “Rey” LeBron cumplió su promesa y les regaló a su estado natal, Ohio y a su querida ciudad, Cleveland, el título que les prometió cuando dejó al Heat de Miami para volver a casa.
Y los Cavs campeonizaron a lo grande, sacudiéndose una desventaja 1-3 ante los campeones de la NBA, ese maravilloso quinteto de los Warriors de Golden State.
Éxtasis en Cleveland; el pueblo se tiró a la calle; la sequía terminó.