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Martes, 20 de noviembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Miércoles 25 mayo, 2016


La “liguilla” del fútbol mexicano es seguida con inusitado interés por los costarricenses; hace rato que los aficionados al buen fútbol de nuestro país olfatearon que esos partidos de ida y vuelta que van dejando regados a clubes de renombre, como sucedió en la que se juega “ahorita”, en que quedaron eliminados los actuales monarcas de Tigres, el omnipotente América y el mimado Chivas, son de alta tensión y calidad, con el espectáculo garantizado.
Cuesta mucho observar un partido de la “liguilla” azteca, tan feo como el que protagonizaron Herediano y Alajuelense en el juego de ida de la final. Se han clasificado a la final del torneo mexicano Monterrey y Pachuca y esos duelos finales serán presenciados en TV por miles de costarricenses.
Comentábamos en nuestra Nota de ayer que el fútbol costarricense se ha quedado rezagado a nivel de clubes con el mexicano, en mucho por la ausencia de regionalismos en nuestro territorio. En Costa Rica todos somos morados y manudos y otro grueso sector herediano. En México, el de Monterrey es fanático de su equipo y le importa un carajo el América o las Chivas y así todos los demás seguidores de los clubes regionales.
Nosotros no.
No sé si observaron el domingo pasado el estadio Jorge “Palmareño” Solís a reventar, en el juego de ida de una de las semifinales de la segunda división entre Palmares y San Carlos. No cabía un alfiler, hasta el tope de palmareños.
Lo que pasa es que estos palmareños son fanáticos del equipo de la segunda división, pero en la primera son seguidores de la Liga o el Saprissa. Si Palmares asciende a la primera división y los visita Carmelita, o Santos, o Limón, no van al estadio. Y este ejemplo vale para la mayoría de los seguidores de los clubes que compiten en nuestras máximas categorías.
En el fútbol costarricense no se promueve la competencia: los tres grandes lo acaparan todo pero a nivel de Selección Nacional, ya ni eso. Saprissa solo le aportó un jugador a la Tricolor; nueve equipos de los doce que compiten en primera, cero jugadores. ¡Cero!
Esto retrata la mediocridad de nuestro campeonato; tres arriba acaparándolo todo y nueve abajo vegetando. Los dirigentes ni siquiera los ponen a correr y a mejorar sus nóminas con la amenaza de un descenso masivo de tres clubes en lugar de uno, para que se pellizquen. Entonces, la gran salvada son los legionarios.