Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 19 Mayo, 2016

No le perdono al guaro que me apartara como periodista deportivo de la cobertura de la Vuelta a Costa Rica.
Cuando la enfermedad del alcoholismo me atrapó, amanecía con unas “gomas” espantosas que me obligaban al consumo temprano de la droga para sobrevivir. Aquella espantosa adicción finalmente me costó el trabajo, el matrimonio y la vida.


Mi jefe y maestro, don Fernando Naranjo ya fallecido, intentó en varias ediciones enviarme a dar cobertura a la Vuelta, en la década 70-80, como lo hizo con la Copa del Café, pero honestamente le respondía que si me subía a la caravana, difícilmente pasaba de la cuarta etapa. Eso de levantarse a las seis de la mañana, desayunar y treparse a la ruta, era imposible para un alcohólico. Primero había que “curarse”; lo demás era secundario y fue por eso que jamás di cobertura a la Vuelta y que hoy sepa poco o nada de ciclismo.
Hace un par de años me animé a escribir una Nota, en la que preguntaba cómo es posible que un ciclista no pueda descontar 45 segundos que le mete el que va de primero en la etapa final, en una distancia de 160 kilómetros. Ignorante de esta disciplina, para mí eso no tenía sentido. Fue cuando mi amigo Eduardo “Bayito” Mora, el famoso “relojito de la Vuelta”, me explicó lo de capos, peones, ataques, quedarse en rueda, venir tirando, restar tiempo, cerrar huecos y que el ciclismo es un deporte de jerarquías y de equipo aunque haya vencedores individuales.
Como jamás estuve en una etapa, comprendí los análisis de “Bayito”, pero no los entendí y hoy sigo ignorante de los entretelones de esta heroica disciplina de los jinetes de acero.
Por eso le pido disculpas y perdón a Andrey Amador; al monumental Andrey Amador, gloria del deporte nacional. Mi Nota es muy modesta, pero lo que está escribiendo de nuevo en el Giro de Italia este hombre de puro hierro, merece todas las portadas, los espacios y los rincones absolutos de los medios deportivos de comunicación del país.
Disculpas Andrey por mi ignorancia, por no atreverme a escribir de algo que no siento porque lo desconozco, porque no te he visto, porque nunca he estado a tu lado subido a una motocicleta u otro vehículo para olfatear tu sudor, ver correr tu sangre de monarca y escuchar los latidos de tu corazón mientras destrozas el pavimento con tus piernas de acero.
¡Inmenso Andrey; intenso Andrey; grande Andrey!
El Salón de los Inmortales te espera.