Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

Enviar
Lunes 18 Abril, 2016

El clásico retrató fielmente el estado actual de los dos equipos; Saprissa se presentó como líder, completo y en un buen momento; su rival con un trabajo irregular en el Verano, un día juega bien, luego decae; con ausencias notables en retaguardia y quebrado emocionalmente por los sucesos acontecidos al final del juego en Pérez Zeledón.
No es normal perder dos piezas vitales de la formación a cuatro minutos del final de un juego que se gana 4-1, reflejo de un equipo que no está equilibrado en su aspecto emocional.
Un detalle: durante la semana el cuerpo técnico de la Liga publicó que se iban a cuidar en cometer faltas cerca de su área, por el peligro que suman los remates y servicios de Marvin Angulo. Bueno, en nueve minutos, ya Angulo había cobrado tres faltas, una cada tres minutos, incluyendo el furibundo “foul” de Kenner Gutiérrez apenas en el minuto 3, con la amonestación para el defensor manudo en el arranque del juego. Kenner pasó a jugar al filo de la navaja y sin compañeros de peso como Acosta y Cummings y eso se paga.
Entonces, se presenta en Tibás una Liga ansiosa y precipitada ante un rival que Carlos Watson ha ordenado muy bien en lo táctico, con una retaguardia sólida y un Angulo que se echa al equipo encima gracias al manejo exquisito del balón que tiene en sus piernas.
Es Marvin el que marca la diferencia, porque hoy el Alajuelense no tiene un futbolista de sus condiciones, lo que lo obliga a jugar al trazo largo hacia sus puntas, que fueron presa fácil de los tornillos morados. La Liga no construyó una sola acción ofensiva asociada que terminara con peligro para Penedo. La gran intervención del canalero fue al remate libre de Diego Madrigal y en el cierre, los dos sustos que le dio Kenneth Dixon, muy poco si se recuerda que desde el minuto 66 jugó con un hombre más por la expulsión de Guzmán.
Saprissa controló el clásico de principio a fin; lo manejó en lo táctico y en lo futbolístico y lo ganó con la anotación de Daniel Colindres, sacrificado a puntapiés, gestada en un error de salida de Pemberton. Fue un partido abierto, emotivo, cortado como se presumía y ganado por el mejor. El triunfo reafirmó al Monstruo en la cima de la clasificación y podría darse entonces en una semifinal el clásico provincial, mientras los monarcas se las verían con Belén.