Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 30 Enero, 2016

La forma como se juega el campeonato de fútbol en Costa Rica agoniza; conforme avanzan las temporadas se les hace más evidente a los aficionados, que la eterna primera fase de 22 partidos prácticamente no resuelve nada porque la gran distancia entre los tres grandes, Cartaginés en el medio y los demás, da poco margen de maniobra a los clubes pequeños de clasificarse a la semifinal.
Saprissa, Herediano y Alajuelense tienen un espacio fijo, aunque en la ruta pierdan dos o cinco partidos y el cuarto puesto es para los demás. El último en ocuparlo fue Limón y de nada le sirvió, dada la desbandada de su nómina para la campaña siguiente.
“Hay partidos en el campeonato que no definen nada y son aburridos e intrascendentes”, más o menos esto dio a entender el presidente de la Federación de Fútbol, Rodolfo Villalobos. Por ejemplo —agregamos nosotros—, la Liga cayó ante el Uruguay en la jornada uno y los aficionados saben que esta derrota no tiene el mayor significado para los rojinegros, que disponen de muchos partidos para recuperarse y finalmente clasificar.
Cada vez engrosan más la lista, quienes ya entendieron que el título se define en la segunda fase y que puede ser campeón un equipo que sume 180 minutos de muy buen fútbol aunque su temporada haya sido irregular, tan irregular que les costó el puesto a dos de sus directores técnicos. Todo esto ahuyenta a los aficionados de las gradas que cada vez más van asimilando que por la diferencia tan radical de poderío entre grandes y chicos, en la etapa de clasificación no se pueden esperar mayores sorpresas que le den un atractivo al torneo, como podría ser el derrumbe aparatoso de dos de los grandes que le darían pimienta a la competencia.
En el campeonato costarricense siempre ganan los mismos y clasifican los mismos y esto aburre. Saprissa le mete 4-0 a Carmelita caminando y lo mismo hace Alajuelense con Limón. ¿Dónde está la acción; dónde el atractivo de la competencia?
Ahora que se sugiere un cambio revolucionario del sistema, ya brincaron los chicos por temor a descender.
Ellos nacieron para vegetar; les encanta vegetar; cero ambiciones; sobrevivir y no descender. De eso se trata.
Mente cortoplacista tan típica de los costarricenses.