Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 1 Diciembre, 2015

La UCR le metió tres goles al Alajuelense casi idénticos; los tres fueron rematados a la red desde un punto muy similar. En las tres anotaciones, Josué Martínez, Jonathan Sibaja y Olman Vargas le ganaron la posición, la zona y madrugaron a los dos centrales, Johnny Acosta y Ariel Soto, también a Javier Loaiza y los centros llegaron todos desde la franja de José Salvatierra.
Acosta y Soto fueron indiscutibles titulares de la zona central defensiva de la Liga, mientras Kenner Gutiérrez se recuperaba de una larga lesión. La recuperación de Gutiérrez se combinó con la convocatoria de Acosta a la Selección Nacional, lo que le abrió a Kenner un espacio en la formación.


Al juego siguiente del Alajuelense, después de que la Tricolor derrotó a Panamá, el técnico Hernán Torres dio reposo a Acosta y formó con Gutiérrez y Soto, pero al partido siguiente puso a Acosta con Gutiérrez y el domingo pasado a Soto con Acosta.
Soy un simple comentarista deportivo; ni técnico, ni jugador, pero desde el escritorio se me ocurre pensar que estas variantes afectan mentalmente a los jugadores, que de ser estelares y titulares pasan a ser piezas cambiantes del ajedrez del equipo. Considero, quizá erróneamente, que esos cráteres que dejaron los dos centrales de la Liga para que los celestes montaran la fiesta en el corazón del área, pueden derivarse de la alternabilidad de posiciones tan continuas en esa zona del equipo, sumado desde luego a la ausencia casi insustituible de Patrick Pemberton.
Los futbolistas son seres humanos, tienen corazón y sentimientos, ríen, gozan, se pueden caer emocionalmente y desde luego frustrarse.
El pasado domingo estuve en el Ricardo Saprissa y le di seguimiento a los movimientos, gestos y trabajos previos en el calentamiento del portero Danny Carvajal. Por simple curiosidad periodística, quise observar si Carvajal lucía caído mentalmente luego de que se enteró que su destino para el siguiente Verano es la banca del equipo, luego de que los dirigentes del club anunciaron con bombos y platillos —nos parece que en pésima hora y peor momento—, el fichaje del canalero Jaime Penedo.
¿Para qué llevar incertidumbre a un equipo que se está jugando el título? ¿Para qué maltratar a un muchacho que se estaba afianzando en la portería del club? ¿Qué prisa había?
Les cuento que el comportamiento de Carvajal fue de todo un profesional y alabo su procedimiento.