Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 11 Noviembre, 2015

Despedazamos a la FIFA, pero gracias a ella retorna la emoción.
El mundo gira y gira, da vueltas y vueltas y cada cuatro años arrancamos todos del mismo lugar. La multimillonaria industria del deporte más popular del planeta aprieta el botón que llama a la acción y dan inicio nuevamente las eliminatorias de la Concacaf para buscar espacio en el Mundial de Fútbol en Rusia.


Doña FIFA, tan corrupta como ordenada forma los grupos, coordina los calendarios, selecciona las sedes y millones de millones de seres humanos quedamos atrapados en sus decisiones.
¿Quién se quiere perder los sorteos de la Copa del Mundo?
¿Quién no se entusiasma mirando por la TV a los señores de la multinacional, con más acusaciones y sospechas de actos corruptos que el Chapo Guzmán, vestidos a la última moda con sus jóvenes amantes esperándolos en las suites de lujosos hoteles para pagar favores de billetera con un poco de amor, moviendo las bolitas frías y calientes que determinan la confección de los grupos?
La Copa del Mundo es el mayor espectáculo del universo y su casi perfecta organización se debe a que la FIFA sabe montarlo, sin miserias a la hora de soltar el billete y soltarlo para lo que sea: comprar la sede o pagar a las más bellas modelos del orbe para que lo adornen.
Y si la cosa se pone fea y alguna de las selecciones favoritas se pone tonta y empieza a dejar puntos, el árbitro de turno recibirá en medio de la acción, la orden respectiva para que le dé vuelta a la tortilla.
Gracias a estos “acuerdos” México fue campeón de la Copa Oro.
Entonces, Costa Rica inicia este viernes una nueva eliminatoria y los amantes del popular deporte de nuevo nos atragantamos con las preguntas de rigor y las respuestas cajoneras de siempre: ¿qué piensa de Haití?, y respondemos lo mismo sin verlos jugar: son rápidos y veloces, aunque signifique lo mismo.
¿Y Panamá? Ha subido muchísimo, en el fútbol se han acortado las distancias, respondemos como monos, aunque Inglaterra le meta 11-1 a San Marino y España 8-0 a las Islas Faroe.
No hay espacio para un alfiler la noche del viernes en el Estadio Nacional: el público vibra, la Federación de Fútbol se frota las manos con el taquillazo; varios dirigentes seguirán sacrificándose por el fútbol viajando por todo el mundo; algunos futbolistas recibirán sus premios millonarios por los triunfos, todo y aunque usted reniegue gracias a la FIFA.