Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 28 Septiembre, 2015

Simplemente y como mera curiosidad, qué diferente sería escuchar a un futbolista que va a jugar contra su equipo anterior, expresar que si le mete un gol, lo va a celebrar a grito pelado y si puede, en la cara del técnico que lo desechó.
Ayer se presentó un detalle estadístico que no se ve siempre. Jugaron Alajuelense y Cartaginés y en las filas del equipo brumoso, podían formar tres jugadores que fueron rojinegros la campaña anterior: Juan Gabriel Guzmán, Álvaro Sánchez y Alejandro Aguilar y en el club manudo, podía actuar Andrés Lezcano, quien fuera ariete de los brumosos.
Me pareció escuchar a los ahora cartagineses, afirmar que si le anotaban a la Liga, no iban a celebrar el gol. A Lezcano no lo escuché manifestarse.
Sin ánimo de meter cizaña y desde luego que respetando, valga la redundancia, el respeto que esos jugadores guardan y les tienen a su anterior club y a sus aficionados, honestamente escribo que me agradaría un comportamiento diferente.
Regalado, cedido, prestado, intercambiado o despedido, no veo por qué tengo que respetar a una institución que —si yo creo que valgo— no valoró mis servicios y por una u otra razón no quiso que yo siguiera en el equipo.
Ya conocemos por qué se fue del Alajuelense, Juan Gabriel Guzmán; el generaleño habló más de la cuenta y le cortaron la cabeza. Viajó a Ecuador y no lo firmaron y si no es por el Cartaginés, hoy estaría sin trabajo.
Entonces, la Liga es pasado y Cartaginés es presente; es el club que le paga su trabajo, de manera que si mete un gol que lo favorece, lo debería gritar hasta reventar, porque se lo anotó al equipo que prescindió de sus servicios.
Y repito, no es mala leche ni lanzar fósforos a un incendio; simple y llanamente salirnos de la rutina, de un respeto infantil hacia un club que directa o indirectamente los “irrespetó” y sacudir la modorra.
Vimos ayer cómo Álvaro Sánchez le sacudió el poste a Alfonso Quesada cuando el juego estaba 1-0 en favor de la Liga. ¿Se habría puesto serio Alvarito por quitarle dos puntos al club que lo dejó en libertad?
Y vimos lo que sucedió en el cierre, reafirmando aquello de que “no hay peor cuña que la del mismo palo”. Resulta que entra a la cancha Lezcano y en dos contraataques fulminantes le sirve a Jonathan McDonald dos balones exactos para que el artillero le rompa la red a Luis Torres.
No sé ustedes, pero yo observé a Andrés muerto de risa.

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