Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 3 Julio, 2015

Mañana juega Boca Juniors en Costa Rica y ese evento deportivo no se ve todos los días.
Boca es religión, sentimiento, pasión que se desborda. Nadie podría retratarlo mejor que nuestro compañero de redacción, Javier Adelfang, quien honra este espacio con su comentario.
“Los hinchas de Boca somos especiales. Cada domingo, el mundo se paraliza y nada más importa, donde quiera que estemos. Tanto es así, que segundos antes del silbatazo que desencadena los 90 minutos de tensión, dos sentimientos vienen a mi cabeza. El primero es la gratitud a mi madre por haberme traído al mundo, el segundo, el agradecimiento a mi padre por haberme hecho hincha de Boca.
Porque querido lector, llevar en la sangre esa tinta azul y oro es un privilegio que no todo mortal posee, es una pasión que decanta por cada poro, un torrente por cada herida abierta.
Boca Juniors, fue fundado en 1905 en un barrio de trabajadores inmigrantes genoveses (Xeneixes en dialecto) por un grupo de cinco adolescentes que rondaban los 17 años.
A partir de ese momento una luminaria de gloria iría década tras década, porque es necesario aclarar que la historia alrededor de Boca no es reciente.
En 1925 fue el primer club americano en hacer una gira por Europa, jugando partidos en España, Alemania y Francia. Ganó 15, perdió tres y empató uno. La bandera azul y oro relucía en el Viejo Continente.
En 1977 ganó su primera Copa Libertadores, y meses más tarde se consagró campeón de la Intercontinental (actual mundial de clubes) ante el Borussia alemán.
La gloria siguió hasta convertirse, junto con el Milan, el Barcelona y el Real Madrid en el club con más conquistas internacionales.
Son 18 estrellas que se suman a 39 nacionales. Tanto relucir es un llamado a sacar el pecho ante cada discusión futbolística, porque a no confundir, el fútbol se juega tan bien en Sudamérica como en Europa.
Mañana, a miles de kilómetros del barrio que me vio nacer, el mundo volverá a paralizarse nuevamente ante mis ojos, y durante 90 minutos volverá a sentirse el caudal de esa historia llena de gloria correr por las venas del estadio.
Y mientras el árbitro acerca la sirena a sus labios, la imagen de mis padres aparecerá frente a mí, a los que volveré a agradecer por esta hermosa vida azul y oro, un calor recorrerá mi cuerpo, y cuando suene el rugido del silbatazo, mi voz se unirá a la de miles de hinchas coreando las letras que tanto nos identifican”. “No me importa lo que digan, lo que digan los demás, yo te sigo a todas partes, cada día te quiero más. Y dale, y dale, y dale Boca dale”.

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