Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 29 Junio, 2015

A pesar de los once cambios que ordenaron Miguel Herrera y Paulo Wanchope, el fogueo entre Costa Rica y México en Miami fue de beneficio para los estrategas.
Las características y situaciones que se presentaron en el desarrollo del juego, con dos goles para cada selección en forma rápida y en cada uno de los tiempos, le dieron al cotejo un marco distinto, porque tampoco fue aquello de que un tiempo para cada equipo, sino que cayeron y se recibieron los goles y ninguno de los que anotó pudo liquidar al enemigo.
Comentamos en Nota anterior que este fogueo en Miami podía ser parámetro para la Copa Oro si alguna de las selecciones goleaba a la otra. Solo imaginémonos un 4-0 en favor de Costa Rica al término del juego, cómo estaría de efervescente la prensa deportiva azteca, por dónde andaría la cabeza del “Piojo” y la locura que se hubiera desatado en Tiquicia. Igual al revés. Incluso si después de que México empató dos a dos, Costa Rica se derrumba y permite otro par de goles, iríamos a la Copa Oro con un vagón de interrogantes no propicias para la paz del entorno.
Pero lo positivo del fogueo fue ver a Costa Rica jugar el primer tiempo como lo hizo en Brasil; una primera parte memorable no importa que se trate de un juego amistoso, porque así es como se juega al buen fútbol, como lo hicieron los ticos en los primeros 45 minutos. Esto abre puertas de motivación y esperanza para lo que sigue. Es de suponer que los discípulos de Wanchope están capacitados para repetir la proeza.
Y luego, que también se aprende de los descalabros y ese par de goles mexicanos, los dos de vestuario, no deben repetirse porque se gestaron en breves momentos de falta de concentración de un colectivo que venía de los vestidores, que apenas se paraba en el terreno de juego y ya tenía dos pepinos adentro.
Decía Yogi Berra, memorable receptor de los Yanquis, que los partidos de béisbol se termina hasta que se terminan, solo después del out 27. Bueno, los de fútbol se inician cuando el árbitro pita y no hasta que los futbolistas “se meten” en el juego. De manera que este Costa Rica-México fue un buen fogueo; hubo aciertos de las dos selecciones, minutos de muy buen fútbol; yerros, desatenciones, todo un menú para que Wanchope y Herrera se entretengan en sus respectivas pizarras proyectándose a lo que sigue: la Copa Oro.

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