Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 5 Junio, 2015


Conforme los canarios cantan, las águilas se van a pique.
El imperio del fútbol se derrumba y la jerarquía se desploma como simples piezas de un dominó corrupto y decadente.


La teta más monumental del planeta fútbol se seca y los “bebés” que se nutrieron de ella por años, lloran desconsolados.
Miles de miles de dirigentes, técnicos, comunicadores y bombetas que fracasaron en sus trayectorias personales y se pegaron a la ubre de la multinacional para saciar sus ansias mundanas, están hoy en la penumbra a la espera de nuevos acontecimientos, ninguno favorable a sus aspiraciones de seguir la vida de reyes.
Directores técnicos que no son firmados en sus respectivos países ni para dirigir una tercera división, cargan el título de instructores del imperio y se desplazan a Asia, África, Oceanía, con pasajes de primera clase y hoteles diez estrellas pagados por la matrona que hoy desnuda su corruptela.
Los canarios cantan y las águilas se desploman.
El FBI, la Interpol atrapan a los pájaros de mandos medios y les ofrecen perdones a cambio de la sinfonía; si Jack Warner se trepa al escenario y decide convertirse en José José, la estructura ósea de Joseph Blatter supuestamente se partiría en mil pedazos y probablemente, el anciano suizo que gusta de mujeres hermosas y mucho menores que él, podría ir a parar con sus huesos a la cárcel. El trinitense que se dice amenazado de muerte si canta, quizá le dedique una melodía al helvético que se llame “80-30” en lugar de “40 y 20”.
Ahora que se derrumban tantos personajes de postín, me nace la inquietud de preguntar por qué la Federación Costarricense de Fútbol no puede tener un presidente limpio. O sea, sin “money”.
¿Y por qué, tiene que ser un empresario?
Digo esto porque Isaac Sasso, Hermes Navarro y Eduardo Li son empresarios, don Chaco ya fallecido, y desde luego que los empresarios caen de perlas en la multimillonaria industria del fútbol. ¿Cómo va a invitar Joseph Blatter a un “limpio” que ni habla inglés a que viaje a Zúrich, París, Roma o Ginebra en primera clase?
¿Se imaginan al polo pidiéndole agua dulce a la azafata?
¡Qué va!
Ese mundo mágico de la FIFA, ese costo exorbitante de sus congresos; esos lujos impresionantes para atrapar a sus fichas, no son para cualquiera. Se necesita dinero, clase y poder para entrar en su universo. Quienes no lo tienen ofrecen lealtad y servilismo
a cambio de los manjares que ofrece la doña.
Los canarios cantan y las águilas se desploman.

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