Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 28 Mayo, 2015

Los organizadores de la Copa del Café en sus inicios y con toda la buena intención, siempre se mostraron agradecidos con el papel de la prensa deportiva por la excelente cobertura del torneo, profesionalismo que aún se mantiene.

En señal de agradecimiento, varios colegas de la prensa escrita recibían terminado el torneo, un sobrecito cerrado con unos colones adentro. Desde luego que el gesto de la organización no era comprar la voluntad del periodista, sino agradecerle su colaboración. Un día Tano recibió el sobre, se lo enseñé a mi jefe don Fernando Naranjo, quien ordenó de inmediato la devolución del dinero.
Ese hecho marcó mi trayectoria profesional; si Tano acepta el dinero y no le comunica nada a su superior jerárquico, mi carrera profesional se hubiera destrozado. Si acepto la dádiva no importa la intención del ofertante, hubiera tenido que volar en las nubes de mi carrera con las alas rotas.
Cuando se presentan eventos que estremecen los cimientos del fútbol mundial, como los que acontecen hoy en el seno de la FIFA y repasamos lo sucedido con nuestro compatriota Eduardo Li, de inmediato lo remito a una lección de vida.
Me imagino al señor Li en el preciso momento en que es detenido en el lujoso hotel de Zúrich y sin mediar absolutoria o condena en su contra, qué pudo pasar por su conciencia y su corazón en cuestión de segundos.
¡La familia!
Lo más hermoso que puede tener un ser humano: su familia.
¿Habrá valido la pena tanta gloria, tanto poder, tanto viaje en primera clase, tanto hotel de lujo, tanto derroche y dinero para terminar en esto?
Arrestado y exhibido ante todo el mundo.
Que lo declaren inocente después es otra cosa y nada tiene que ver con lo de hoy. El daño está hecho.
Son los sentimientos de un hombre en el instante del arresto. La madre, el padre, los hijos, los amigos.
Cualquier ser humano daría lo que fuera para que no le sucediera lo de Eduardo Li.
¿Cómo lograrlo?
Esta es la lección de vida.
Aprender a escoger entre valores, principios, reglas de comportamiento, honestidad, probidad y trabajo, en lugar de los placeres del consumismo mundano. Hay dirigentes cercanos a Li que no se han bajado del avión en más de cuatro años; recorren el mundo de ida y vuelta sin gastar un centavo propio. ¿Merecerán ese estilo de vida?, pero peor aún: ¿se lo habrán ganado con el sudor de sus frentes?
Algunos, nunca devolvieron el sobre.

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