Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 25 Mayo, 2015

Como seguidor del Alajuelense, no entendí los airados reclamos muy fuera de tono de su técnico Óscar Ramírez al final del juego con Herediano. Sobre todo, porque habían transcurrido pocos minutos desde que se presentaron dos acciones en el área de la Liga, que siendo ambas bien dudosas, favorecieron al equipo rojinegro. Una fue el choque frontal entre Patrick Pemberton y Dave Myrie, que perfectamente pudo ser señalada como penal sin que “nadie se enoje”, y la otra, el gol que se le anuló al mismo Myrie por una posición fuera de lugar, inexistente si se analiza reglamentariamente la jugada.
A estas alturas del partido y por la cadena de títulos conquistados por el Machillo en la Liga, analizar si don Óscar es un buen o mal entrenador, buen o mal estratega, es risible.
Estamos en presencia de un técnico trabajador, triunfador y que sabe su oficio. No en vano se lo pelean la Comisión de Selecciones Nacionales y la misma dirigencia manuda. Lo que pasa es que al Machillo hace rato se le volcó la tortilla y lo abandonó la suerte, que cuenta y mucho en temas deportivos.
Al Alajuelense le están metiendo goles en minutos determinantes que antes no caían. Las anotaciones de Heiner Mora, Hansell Arauz, Deyver Vega y esa última de Keyner Brown, a tres minutos de que el León saboreara otro título, antes no caían. En varias oportunidades fue al revés y cayeron en favor del Alajuelense y significaron títulos para la colección de Ramírez. Recordemos los goles de Pablo Gabas y Álvaro Sánchez frente al mismo Herediano.
Óscar Ramírez gusta de jugar al filo de la navaja; pone a sus discípulos al borde del precipicio y a sus fanáticos a tomar medicamentos para prevenir infartos. Cuando se juega con ese estilo es facilísimo resbalarse y derrumbarse en el fondo del abismo o que la navaja te corte las venas.
Las posibilidades de que el jugar así dé dividendos, se reducen si al frente, el Macho topa con un colega que juega diferente. A Odir Jacques no le agradan ni los precipicios y menos las navajas.
Las canas lo han vuelto más conservador, pero mantiene ese espíritu de que solo atacando se anota y solo atacando se pueden revertir resultados adversos. En la final giró una orden suicida: Dave Myrie y Keyner Brown al ataque; dejó su retaguardia sin calzones, semidesnuda, ya no estaba McDonald ¿quién lo sacó? Y cayó el premio gordo a su arriesgada decisión. Odir: viejo zorro, mañoso, cabalístico y con una p... suerte que no lo abandona.
No cabía el enojo de Óscar.

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