Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 12 Marzo, 2015

Escribió Luis Miguel Pascual de EFE.
“Un desgraciado accidente aéreo en Argentina se llevó por delante a la estrella de la natación Camille Muffat, a la leyenda de la vela Florence Arthaud y a Alexis Vastine, considerado el boxeador maldito.
A sus 25 años, Muffat había amasado un palmarés impresionante, tres medallas olímpicas, cuatro bronces mundiales, oro en piscina corta y todos los títulos posibles en Francia. Cuando anunció el pasado verano que abandonaba la competencia provocó una estupefacción general.
En su agenda figuraban muchos proyectos, uno, participar en un concurso de “telerrealidad” donde un accidente de helicóptero en Argentina truncó su vida.
Fuera del agua, Muffat era la antítesis de Laure Manaudou, la referencia de la natación francesa de los últimos años.
Pero en la piscina su palmarés era muy similar. De hecho, el nombre de Muffat saltó a la palestra cuando en 2005, con 15 años, batió a una Manaudou en la plenitud de su carrera.
Mucho más mediática y conocida en Francia que Muffat, la regatista Arthaud, de 57 años, era un símbolo de superación, de conquista de terrenos vedados a las mujeres.
En 1990 se convirtió en la primera mujer —y la única por el momento— en ganar la Ruta del Ron, una de las regatas en solitario más duras y prestigiosas del mundo.
Encontró la muerte en Argentina tras esquivarla en varias ocasiones. La primera cuando, con 17 años, un accidente de coche la sumergió durante meses en el coma y la dejó medio año paralizada y desfigurada.
En 1986 volvió a coquetear con la muerte cuando, en plena Ruta del Ron, acudió a rescatar a otro marino en medio de una gran tempestad que estuvo a punto de tragarse a ambos.
Los padres del boxeador Alexis Vastine lloraban la muerte de su hijo y la desgracia repetida, porque a principios de año perdieron a su hija menor en un accidente de coche.
Francia recuerda a Vastine llorando sobre el ring. Primero en 2008, cuando los árbitros lo descalificaron en un combate que dominaba contra el dominicano Félix Díaz.
Cuatro años más tarde, repitió la escena cuando los jueces le dieron perdedor frente al ucraniano Taras Shelestuik.
Dos derrotas que este deportista enrolado en el ejército vivió como injusticias y que lo llevaron a refugiarse en el entrenamiento como terapia, con la vista puesta en Río y en su soñado título olímpico”.

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