Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 30 Septiembre, 2014

Tan repudiable la agresión de Paul Mayorga a la joven jugadora del Saprissa, como el asesinato público al que ha sido sometido.
A este hombre de 44 años, casado una vez y esto debe recalcarse cuando se habla de valores, padre de cuatro hijas, lo han agarrado a patadas la mayoría de los medios de comunicación y lanzado a la hoguera con el afán y propósito de quemarlo y destruirlo.


Los titulares de ayer de algunos periódicos incitan a que a Paul Mayorga lo borren del mapa y que sea despedido de sus lugares de trabajo y al basurero su carrera, su familia, sus ingresos y que se pudra en los infiernos.
Y esto, amigos, no debe ser.
¡No puede ser!
Cuando Mayorga se excusa públicamente por su comportamiento, sus manifestaciones son totalmente acordes con lo que muestra el video de su deplorable acción.
“Quiero disculparme por todo lo que pasó, durante el partido hubo muchas provocaciones y en una reacción de reflejos le metí la pierna a la muchacha de manera incorrecta, pido perdón yo tengo cuatro hijas y me siento muy mal”, expresó el deportista.
El video no muestra con nitidez si Mayorga pateó a la jugadora o la zancadilló, pero sí muestra con claridad que Paul, después de su acción agresiva y reprochable se queda de pie en el mismo lugar donde la cometió, mientras la jugadora va al suelo donde parece ser, recibe agresiones de otro grupo.
Ahora, no importa ni interesa si fue patada o zancadilla; a una mujer no se le pega ni con el pétalo de una rosa, de manera que el proceder de Mayorga no admite la mínima defensa.
Pero no respaldamos “lo otro”.
No me gustaron las declaraciones de la joven agredida cuando da a entender que Mayorga lo hizo porque trabaja con la Liga y Saprissa fue el que lo derrotó.
Mucho menos apoyo el comunicado del Deportivo Saprissa, tan agresivo en su texto como la propia zancadilla del que quieren condenar.
Eso de repudio suena a clarinete para llamar a sus fanáticos al clásico. Tratar de unir la agresión de Mayorga a la vieja rivalidad entre Alajuelense y Saprissa es más grotesco que el comportamiento que se condena.
Paul Mayorga es un hombre de bien.
Que metió la pata, la metió, pero no merece este circo.
La dirigencia del Saprissa se aprovecha de este hecho para llevar a su gente al estadio y clama tambores de guerra.
La dirigencia del Alajuelense está opinando al calor del acontecimiento, cuando lo que corresponde es una sanción a su empleado tomada con la cabeza fría y jamás, dejándose llevar por el calor del momento.

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