Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Lunes 26 Mayo, 2014

¡Qué salado el Atlético de Madrid!
¡Qué garra la del Real Madrid!
Los discípulos de Carletto Ancelotti se dieron cuenta que los pupilos de Diego Pablo Simeone, se habían quedado sin piernas después de una temporada tan cargada de éxitos como exigente físicamente y tejieron una telaraña que abarcó todas las zonas de ataque hasta que atraparon al mosquito.
Los ingresos de Isco y Marcelo fueron determinantes; piernas frescas, jóvenes, alegres, creativas, que se unieron al talento y vértigo de Modric y Di María para romper, como cuchillo a mantequilla, una retaguardia que ya no daba más y solo atinaba a cerrar espacios, cortando avances “in extremis” y enviando la pelota al córner.
Si como dice el cuento, cada tiro de esquina es medio gol, de medio en medio el Real Madrid consiguió el que necesitaba, para obligar a una prórroga que resultó de una sola cara.
Fueron cuatro o cinco tiros de esquina; el balón cruzaba los linderos de Courtois de lado a lado y ningún merengue atinaba a cerrar. Como es usual cuando la Casablanca juega contra las cuerdas, el sevillano Sergio Ramos ya jugaba de centro delantero, anzuelo en mano para ver qué pescar.
¡Y pescó!
Su remate de cabeza a tiro de esquina de Modric fue fulminante y tuvo una dirección perfecta, al palo de mano derecha del larguirucho portero belga que se lanzó cuan largo es... y no pudo llegar.
Pocos goles en el universo del fútbol cargan tanto significado.
En ese balón que se coló en los cordeles colchoneros, se coló también “La Orejona” en las vitrinas del Real Madrid.
Florentino Pérez pegó un salto en el palco de los elefantes y le cayó encima al Rey Juan Carlos: la Reina Sofía abrazó a Platini... al carajo el protocolo.
Es que fueron 12 años de frustraciones y solo restaban dos minutos para el maldito 13.
En la prórroga, Juanfran no se podía mover, arrastraba una lesión severa muscular; Miranda semejaba boxeador con la lengua afuera y manos a la cintura; el charrúa Godín, fiel a su estirpe guerrera en vano intentaba levantar a sus compañeros de retaguardia. Ya Filipe Luis había salido exhausto.
Los callejones estaban abiertos; los candados rotos; las rutas disponibles; las trochas sin vigilancia y por ahí entraron con vía libre y a todo gas, Bale, Marcelo, Di María y hasta el gris de Cristiano Ronaldo hasta destrozar a un rival acostumbrado al sufrimiento.
La Champions se esfumó en minuto y medio.

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