Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 13 Mayo, 2014

Luis Ernesto Michel le trajo al Saprissa confianza, paz y serenidad en su retaguardia.
El cartel del portero mexicano es impresionante y muchos todavía no sabemos qué es lo que anda haciendo por aquí.
Danny Carvajal suma una característica vital en un portero: es “medio loco”. Eso ayuda, pero no da confianza.
Cuando Michel se paró detrás de Umaña, Badilla y Waston, incluso sin intervenciones determinantes y encajando goles en cada partido, se olfateaba en el entorno que el Saprissa TENÍA portero.
Son cosas del fútbol que se sienten.
Incluso, son difíciles de explicar.
Adolfo Machado fue contratado como defensor central; Saprissa quería alinear a alguien de experiencia al lado de Michael Umaña. Gabriel Badilla vivía su drama personal por delicados problemas de salud y un muchacho alto, fuerte, de remate de cabeza impresionante y de nombre Kendall Waston, no amarraba la estelaridad en el plantel.
Machado y Umaña formarían la dupla central defensiva del equipo. A sus espaldas: Luis Ernesto Michel. Saquen calculadora y sumen años… de los tres.
Saprissa firma a Heiner Mora.
De pronto se lesiona Jordan Smith y crece como la espuma Waston; Ronald González abre a la derecha a Machado y encuentra petróleo.
El técnico campeón tiene que tomar decisiones difíciles, de las que habló en su discurso de victoria. Hay que sacrificar “muy buenas cabezas” y se va llenando el cesto de suplentes: Carvajal, Smith, Barquero, Angulo, Golobio, Rodríguez, Ramírez…
David Guzmán se convierte en el mejor del equipo en varios partidos y se asienta al lado de uno de los pocos inamovibles de la formación: Yeltsin Tejeda. Sobrevive a los movimientos de su entrenador el jugador más táctico de la nómina: Manfred Russell y aterriza de pronto un extraño que se fugó del Fello Meza para recalar en Tibás, de una sola vez con etiqueta de titular: Hanzell Arauz.
Este fue el futbolista que revolucionó al plantel; se convirtió en un demonio por el flanco derecho ofensivo y cerró una temporada brillante. Su fichaje fue de altos quilates.
Arauz removió el ataque de un Saprissa aferrado a las estadísticas de Carlos Saucedo más que a su calidad actual —aunque aportó en la red—, y un Daniel Colindres que les ganó el rol de la titularidad a Rodríguez y Ramírez.
Cada una de las zonas del equipo reforzadas, condujeron a la ansiada corona.

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