Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Sábado 25 Enero, 2014

Un minuto después de que Patrick Pemberton cometió el error que le costó a la Selección Nacional el 2-0 ante Chile, un connotado comentarista de un canal de televisión ya estaba pidiendo a Esteban Alvarado y lo manifestó públicamente.
Caso curioso, ese mismo comentarista al final del partido dijo que Jonathán MacDónald fue el único titular del equipo que se ganó una oportunidad para ir a Brasil.


Pregunto.
¿Qué diferencia hay entre el gol muerto que perdió MacDónald al inicio del partido, cuando frente al portero Herrera y con todo el marco a su disposición, remató al cuerpo del arquero y el gol que se le fue a Pemberton?
¿No es lo mismo?
¿Por qué se castiga tan severamente a los porteros, pero se absuelve tan pasivamente a los delanteros?
Me encantó volver a leer en Al Día la frase de Marco Antonio Rojas, monumental portero del Saprissa.
“Los porteros nunca ganamos partidos”, dijo el hoy agente de seguros.
Desde luego que los pachucos que inundan las redes sociales escribieron inmundicias anónimas, crucificando al portero Pemberton. Toda esa basura queda anulada con el gesto y la hombría de Esteban Alvarado, quien desde Holanda le envió a su colega de posición una voz de aliento.
Sinceramente creo que los errores de Patrick no merecían más que ser señalados en las crónicas del partido y nunca relacionarlos ni combinarlos con su convocatoria al Mundial en Brasil.
Pemberton se ganó su puesto para el Mundial en miles de minutos de juego con la Tricolor y con el Alajuelense y nadie va a bajarlo del vuelo a Brasil por un par de errores en un partido amistoso. Toda la alharaca que se armó por el mal partido de la Tricolor es de mala leche y viene en dos corrientes: los enemigos de Jorge Luis Pinto que no se rinden en su afán de demeritar su trabajo como técnico del seleccionado y se aferran como garrapatas a cualquier cosa negativa que suceda en el entorno del equipo y también el sensacionalismo de algunas páginas deportivas, capaces de llenar espacios con un tema que no merece más que los tres párrafos de la crónica del evento.
Es más, la culpa de este desaguisado es del propio Pemberton, por acostumbrarnos a todos a defender la portería de la Sele y de la Liga tan excelentemente, que ahora que como humano falló, sus yerros derivaron para algunos en catástrofe.

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