Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Martes 17 Diciembre, 2013

Después de ver y ADMIRAR los dos juegos de la final del campeonato mexicano entre el León y el América, lo de anoche en el Morera Soto causa pena.
Un juego final de campeonato, con varios integrantes de la Selección Nacional en la cancha, debería ser más que una cadena de faltas, jugadores tirados en el piso, el árbitro pitando faltas inexistentes en las áreas para evitarse problemas y el consabido concierto de tarjetas amarillas.
Cuando sentimos temor al conocer el grupo que le tocó a Costa Rica en el Mundial de Brasil, es en mucho por esto, porque Alajuelense y Herediano se presentaron al juego de ida de la final por el título a jugar de todo menos fútbol.
Anoche no hubo espectáculo en el Morera Soto.
Predominó que el rival no jugara; se cortó el talento a base de patadas; repasen que el partido no tenía ni cinco minutos de acción y ya teníamos jugadores lesionados y tirados en el zacate.
Se podría argumentar —lo que sería un calificativo inmerecido—, que Óscar Ramírez y Marvin Solano se tienen mucho respeto, de ahí la cadena de precauciones defensivas y el escaso fútbol ofensivo, pero entonces agreguemos que si tienen miedo, que se compren un perro, pero que jueguen fútbol, fútbol como el que ofrecieron en ese par de juegos memorables, intensos y dramáticos, las esmeraldas y las águilas que nos dejaron con la boca abierta.
¡Eso sí fue una final por un título!
Lo de anoche dio lástima.
La impresión que dejaron Ramírez y Solano es que se decidieron por los penales antes de jugar las finales, porque Herediano nunca apretó y se puso al mismo nivel de la Liga en los dos juegos con Saprissa; puro cálculo y jugar al error del adversario.
Si Herediano jugó anoche al 0-0, la Liga jugará en Heredia con idéntica intención y es muy frustrante que con la nómina que suman los dos clubes, se desperdicie tanto talento y se priorice la concentración, la marca y si no se puede, la falta.
Alajuelense hizo exactamente lo mismo que contra Saprissa, solo que no tuvo la suerte de meter el gol; pases y pases largos a la espera —suponemos— de que Montero y Salazar se resbalaran para que Palacios anotara y Marvin Solano dejó las estadísticas en el basurero, aquello de dos o tres goles por partido y se puso al mismo nivel del Machillo.
Jugando de esta forma, si eso es jugar fútbol, no puede darse otro resultado que no sea un cero a cero.

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