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Lunes, 10 de diciembre de 2018



NOTA DE TANO


Nota de Tano

Gaetano Pandolfo [email protected] | Jueves 17 octubre, 2013


Antenoche, después del éxtasis cosechado en el Estadio Nacional con la victoria ante México y de regreso a casa, tuve la oportunidad de acomodarme en un sofá y gozar de lo lindo escuchando a “las urracas parlanchinas”, de Fútbol Picante y la Última Palabra, tratando de explicar lo inexplicable.
Resultó gratificante y a la vez patético, escuchar reproches, insultos, comentarios, decenas de posibles soluciones, lamentos, cuestionamientos, críticas, en fin, todo un enjambre de opiniones en contra del seleccionado mexicano, sus entrenadores, desde luego la cúpula dirigencial, de parte de los connotados analistas de esas cadenas, encabezados por José Manuel Fernández y azuzados por el pimientoso David Faitelson que personalmente, me cae requetebién.
Como hasta el propio capitán Rafa Márquez dijo en el Estadio Nacional que México había tocado fondo, tras caer en Costa Rica y amarrar el repechaje por ruta indirecta, gracias al desplome de Panamá en su juego con Estados Unidos, no hubo forma de escuchar el mínimo comentario de alguna de las “urraquitas”, defendiendo lo indefendible.
Incluso Faitelson usó calificativos muy fuertes en contra del seleccionado de su país, del que dijo sentir pena, vergüenza y asco, calificativos que desde luego no fueron del agrado de los otros contertulios.
Rescato de ese mercado persa que armaron los comentaristas de la TV mexicana, donde todos hablaban y opinaban al mismo tiempo, desencajados por la peor crisis del fútbol mexicano de los últimos años, que a la hora de pedir soluciones, ninguno de ellos, ni Faitelson entonó un “mea culpa”.
La prensa deportiva mexicana y específicamente sus comentaristas televisivos, arrastran una enorme cuota de responsabilidad en ese desmadre del fútbol de su país.
Nunca se aburrieron de menospreciar y ver por debajo del ombligo al fútbol de Concacaf, siempre quisieron o prefirieron pertenecer a Conmebol, zona en la que desde luego no fueron aceptados y ese desprecio al fútbol centroamericano fue levantando a un león herido, maltratado, humillado en cada nación del área, que finalmente decidió rebelarse, levantarse y faltar al respeto al que llamaban gigante de Concacaf.
La prensa deportiva mexicana y específicamente este cuerpo de urracas, jamás quiso reconocer la mejoría en el fútbol de Concacaf y ahora que le pasaron por encima al de ellos, no paran de vomitar sus propias palabras, aunque sea “la última”.

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