Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 22 Agosto, 2013

¡Qué enorme futbolista es este Landon Donovan!
Entró en el minuto 61 y en menos de media hora catapultó con su juego sobrio, panorámico e inteligente a Los Angeles Galaxy al triunfo 2-0 frente a un digno y honesto Cartaginés, que como equipo puso en evidencia en varios tramos del partido, precisamente no tener en sus filas a un jugador con la visión de fútbol del famoso 10 estadounidense.
No fue en una ocasión; tampoco fue un solo avance o una aislada ofensiva; nada que ver.
Cartaginés atacó por varios flancos a los angelinos y dispuso de oportunidades para hacer daño, pero absolutamente ninguno de sus jugadores cuenta en su mente, piernas y fundamentos del juego, lo que le sobra a Donovan. Visión de juego; eso de levantar la mirada para hacer el servicio adecuado; eso de tener imaginación para romper con un pase mágico el bloque defensivo del contrario; eso de jugar con una acción adelantada; es decir, saber lo que tiene que hacer y a quién le va a pasar la pelota, antes de recibirla.
El 1-0 que le puso en bandeja a Robbie Keane, fue casi idéntico al pase milimétrico con que Estados Unidos nos derrotó en Copa Oro. Son servicios largos, no fantásticos, sino de fantasía que no es lo mismo.
Cartaginés y el fútbol costarricense no cuentan con jugadores de ese perfil; nuestros compatriotas no saben terminar las jugadas. Pablo Herrera, Randall Alvarado, Randall Brenes e incluso Kevin Vega en los pocos minutos que jugó, tuvieron grandes oportunidades enfilados ya en el área del Galaxy de hacer daño, pero se precipitan en el servicio, no levantan la cabeza; centran sin ver, rematan anticipadamente, en fin, lo contrario a lo que hace Landon Donovan.
Ese servicio mágico de Landon a Keane para que se perfilara y anotara el 2-0, lo pudo repetir el Cartaginés en más de cinco o seis ocasiones que tuvo la pelota en posición similar, incluso Cardozo en gran acción tuvo el empate a sus anchas, pero se precipitó en el disparo. Keane no. Recibió, encaró a Wardy y lo remató.
Enormes diferencias, grandes distancias entre un fútbol moderno, más adelantado, que dan al traste lamentablemente con una presentación decente, valiente, incluso desafiante de un Cartaginés que viajó a dar la cara, a no esconderse, a no atrincherarse, pero que salió derrotado por un equipo con mucho más talento y con una nómina más avezada en los fundamentos del fútbol.

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