Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Jueves 15 Agosto, 2013

Somos el país más feliz del mundo.
Como los costarricenses vivimos muertos de risa en Tiquicia, donde jamás sucede nada, nos acostumbramos a vivir así, cero problemas y entonces no necesitamos emigrar.
¿A quién se le ocurre abandonar el país más feliz del planeta?
Entonces, nuestras colonias son pequeñas; el sueño americano no es atracción para un pueblo que vive con una sonrisa a flor de piel, una nación donde los corruptos no son condenados y los escándalos solo duran tres días y medio.
Como no hay muchos ticos hospedados en el extranjero y la FIFA tiene calificado a nuestro fútbol como artesanal, la Selección Nacional no es atracción para nadie ni futbolística, ni económicamente.
Presentar a México, El Salvador, Honduras y en menor proporción a Guatemala en los Estados Unidos, es negocio redondo para cualquier empresario. Costa Rica los llevaría a la quiebra.
En América del Sur la Tricolor no es noticia y en Europa puede que no la reconozcan, a pesar de Italia 90, Bryan Ruiz, Medford y Wanchope.
Entonces, firmar un partido de fogueo decente para la dirigencia nacional no es fácil. Además, imitando a Bora Milutinovic cuando salió huyendo con la Selección Nacional desde Estados Unidos para Europa en los previos del mundial italiano, para evitar las críticas caseras a un pésimo desenvolvimiento del equipo en tierras estadounidenses, Jorge Luis Pinto hizo lo mismo y con mucho tacto, pero muerto del susto, se inventó un juego de fogueo insignificante e intrascendente con una Selección de un país beisbolero por excelencia, donde el fútbol es tema de pocos.
El técnico de la Selección Nacional adornó el fogueo ante los dominicanos de aspectos técnicos y tácticos interesantísimos (solo para él) y la sumisa Federación de Fútbol tuvo que gastar miles de miles de dólares trayendo de todas partes del mundo a la legión extranjera para semejante mejengón.
Después del fracaso en los resultados de la Copa Oro, resultaba arriesgado de cara al juego eliminatorio con Estados Unidos, enfrentar a un rival de peso que desnudara aún más las limitaciones de nuestro equipo, de manera que para no calentar más el entorno, salió este viajecito a la tierra de muchos de los mejores beisbolistas del mundo, pero para jugar al fútbol.
Después del 4-0 final, quedó la sensación de que los ingresos de Diego Calvo y Pablo Herrera le dieron un vuelco a la Tricolor y quizá eso fue lo mejor del paseo al Caribe.

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