Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 19 Junio, 2013

Lo que queríamos que pasara y lo comentamos ayer, dichosamente sucedió.
Triunfaron Estados Unidos y Costa Rica y se produjo un desprendimiento importante en la parte alta de la clasificación. Todavía es temprano para saber si lo acontecido anoche es bueno o malo para los intereses del seleccionado, pero personalmente nos habíamos apuntado a que se diera esa combinación de resultados y se dio.
También vaticinamos que Panamá nos iba a meter un gol, pero el poste echó al trasto nuestro pronóstico. Por dicha.
Nos sentimos más cerca de Brasil por dos cosas: la primera y lógica porque se le ganó a Panamá; pero la segunda tiene que ver con la derrota de Honduras.
Eso de volver la mirada hacia abajo y ver a los catrachos cuatro puntos por debajo, huele a samba y carnaval.
En Europa dicen que en el fútbol juegan dos equipos y siempre gana Alemania; en Concacaf sucede algo similar. Juegan y juegan los equipos y casi siempre gana Estados Unidos. Por ahí meten un gol y triunfan y ya los tenemos sin ser la mejor representación del Tío Sam en eliminatorias,  sobrados en la cima de la hexagonal y con tiquete, diríamos que fijo al Mundial. Le llevan seis puntos al cuarto lugar que en este tipo de torneos cortos resulta diferencia abismal.
Costa Rica se hospeda en el segundo lugar a tres y cuatro unidades respectivamente de México y Honduras, con la ventaja de tener dos juegos en casa y una visita que se supone fácil a Jamaica, prácticamente eliminada de manera que no hará mucha lucha y puede que forme con un equipo alternativo. El panorama es clarititico para la Tricolor.
Anoche la lluvia fue un invitado molesto, inesperado y mal recibido que complicó el escenario; el primer tiempo Panamá lo jugó mejor que Costa Rica y estuvo más cerca del gol. Keylor Navas hizo dos paradones y el poste lo salvó de perder su longeva virginidad que ya traspasó los 400 minutos.
Para dicha y acomodo posterior del seleccionado, no se habían secado los canaleros el agua del vestuario cuando ya tenían dos goles adentro. Rápidos, seguidos y fulminantes.
Trallazos de Ruiz y Celso que volcaron la balanza y permitieron que surgiera en “La Joya” el mejor fútbol de los ticos, técnicos y hábiles cuando juegan “montados”.
Llegaron los pasecitos, los toquecitos, el chiqui chiqui y la locura de una leal afición que no llevó palo, llevó agua de pies a  cabeza por largas horas, pero fue recompensada con creces con la victoria.

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