Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Miércoles 12 Junio, 2013

Costa Rica hizo todos los méritos para otro Aztecazo.
Faltó serenidad y cabeza fría, sobre todo en dos acciones determinantes, una apenas iniciándose el juego cuando se fugó Joel Campbell y en lugar de rematar al vertical, pudo dársela en corto a Bryan Ruiz para que la empujara a la red.
Jugada similar en el minuto 77, solo que el fugado fue Kenny Cunningham y quien se quedó esperando el balón para arrimarlo a los cordeles fue el propio Joel. El Maza Rodríguez cerró el ingreso del veloz relevo nacional.
Digamos que se perdieron dos ocasiones de gol clarísimas y por ahí se fugó la segunda edición del Aztecazo, pero dejando de lado lo histórico del suceso que finalmente no se produjo, aplaudir un primer tiempo memorable de la Tricolor en el coloso de Santa Úrsula, donde le pasó por encima al anfitrión con una lección táctica del enorme estratega que dirige a Costa Rica, don Jorge Luis Pinto, así con don, que se lo merece.
Este partido se debió ganar y por esas cosas tan absurdas que se han presentado en diferentes ocasiones entre los mismos rivales y escenario, también se pudo perder, con un gol mexicano encontrado por ahí en la ruta de sus desaciertos. Un tiro de esquina; un tiro libre y lo conecta Moreno, o Rodríguez o Hernández y ¡pum! ganó México un juego sin ningún merecimiento.
Esta vez no se dio y si bien es cierto Costa Rica no pudo ofrecer en la segunda parte la brillantez de su juego mostrado en la inicial, tampoco se dobló, ni sucumbió a la presión desesperada de los locales, empujada por los silbidos de la masa disconforme en las gradas.
Partido de hexagonal mundialista.
Partido cerrado y sufrido.
Otro partido al estilo Pinto donde se sacó el resultado.
Solo que por lo visto ayer, debió ganar Costa Rica; jugó mejor Costa Rica y este fue el monumental ingrediente que se debió agregar a la gesta futbolera escenificada en México.
Si el coloso tembló, cimbró y gimió con los gritos desaforados y desgarradores de los miles de aztecas que lo poblaron, que pedían el ¡fuera Chepo!, ¡fuera Chepo! y ¡fuera Chepo!, por algo será.
Fue que algo pasó.
Y lo que pasó fue la Selección Nacional que se jugó un gran partido, de nuevo elaborado, preparado, trabajado en ese laboratorio que se llama Jorge Luis Pinto, al que lamentablemente, todavía no vemos salir en hombros, abrazado o felicitado por sus discípulos.
Se mantiene la distancia y el respeto.

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