Gaetano Pandolfo

Gaetano Pandolfo

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Viernes 22 Febrero, 2013

Como castillo de arena se derrumbaron las opiniones de los seguidores y fanáticos del Alajuelense, que mareados y vueltos locos por la merecida victoria de su equipo en el clásico, lanzaron las campanas al vuelo, pero sobre todo exaltaron el trabajo de Manuel Keosseian y aprovecharon el minuto de gloria para atacar el de su antecesor, Oscar Ramírez.
El triunfo de Pérez Zeledón los frenó en seco.
Son esas reacciones hepáticas de los fanáticos, poco analíticas de la mayoría de los dirigentes y emocionales y cortoplacistas de nosotros, los periodistas, las que le hacen mucho daño al fútbol costarricense y en otros sectores, a Costa Rica en general.
De pronto, don Manolo le dice a la prensa que va a jugar con dos delanteros en lugar de uno, le mete tres al Saprissa y los fanáticos entierran al instante los cuatro títulos del Machillo Ramírez.
Ya la Liga encontró al técnico que deseaban los críticos de don Oscar: alegre y “ofensivo”.
Recibimos en el correo opiniones respetables todas, que decían que después de que Saprissa descontó con el gol de Cordero, el Machillo hubiera metido el bus en el marco para defender el 2-1. En cambio, dijeron, “Keosseian metió a Allen Guevara y sentenció el partido”.
¡Qué fácil opinar así; qué ricura; cómo repartir cajetas!
Resulta que don Manolo también metió a Guevara, ya no para enterrar al Saprissa, sino para buscar cómo empatarles a los guerreros del sur, que ganaban 1-0 desde el primer tiempo y no pudo la Liga hallar la ruta del gol. Tampoco la encontró con los ingresos de Alpízar y Solórzano.
De manera que se requiere mayor capacidad de análisis a la hora de emitir criterios; uno se equivoca todos los días, pero sí nos cuidamos de no atacar por atacar, sobre todo cuestionar un trabajo como el de Oscar Ramírez, exitoso de cabo a rabo, con cuatro coronas depositadas no en la tumba del club, sino en las vitrinas donde se exhiben galas, títulos, proezas y hazañas rojinegras.
No es correcto y menos justo, que el triunfo en el clásico, haya servido de plataforma para ensalzar la labor de un técnico que apenas inicia el sendero y ya se llevó su buen tropezón y cuestionar la labor de Ramírez, exaltada, vaya ironía por su propio sucesor.
No hay duda de que la victoria de Pérez Zeledón, dejó en paños menores las precipitadas opiniones del grueso de manudos que nunca comulgaron con el trabajo del Machillo.

gpandolfo@larepublica.net